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viernes, 15 de junio de 2012

BOTERO UNA CELEBRACIÓN, PALACIO DE BELLAS ARTES



LINA BOTERO curadora


Texto y fotos: Salvador Perches Galván.



Cuando se observa un cuadro, es importante

reconocer de donde procede el placer.

Para mi es la alegría de vivir

unida a la sensualidad de las formas.

Por esto, mi problema es expresar

Sensualidad por medio de formas.

Fernando Botero



Fernando Botero, una celebración, es la magna exposición que se presenta en el Palacio de Bellas Artes y que festeja 80 años de vida del célebre artista plástico colombiano, conversamos con Lina Botero, hija del artista y curadora de la magna exposición que está por cerrar sus puertas y esta es la entrevista.

S. P. G. ¿Quién es Fernando Botero?
L. B. Fernando Botero es, tal vez uno de los artistas latinoamericanos más conocidos hoy en día, es una gran figura del arte universal, acaba de cumplir sus 80 años y esta es una exposición que conmemora ese momento tan importante.
S. P. G. Como su nombre lo indica es una celebración, en todos los sentidos, tengo entendido que es una de las exposiciones más grandes en torno a él.
L. B. Esta es la retrospectiva más grande que jamás se ha hecho sobre la obra de Fernando Botero, reúne 177 obras de diferentes técnicas, hay oleos, esculturas, dibujos, pasteles, hay obras en diferentes formatos y de todos los años, no es un recorrido cronológico, es un recorrido temático a través de los temas que han ocupado su producción artística de los últimos 63 años.
S. P. G. 63 años en 80 de vida, el empieza muy, muy joven.
L. B. El empieza muy joven. Tenemos una acuarela que fue pintada cuando tenía 17 años, es la acuarela con la cual se abre la exposición junto con dos fotografías de dos acuarelas también de la misma época y las incluimos porque ya desde ese entonces, a los 17 años cuando nunca había salido de Medellín, Antioquia, que era en ese entonces una ciudad muy pequeña, de provincia, ya, se intuía el interés por el volumen en su obra, esa primera acuarela es muy expresiva desde ese punto de vista y se ve a un artista en su etapa de formación, es un artista que está abierto a todas las influencias que ha recibido tanto del arte colonial, el arte precolombino el arte popular y más adelante el arte del renacimiento italiano del 400 y 500 que lo marcaron tanto en su vida. Cuando él vivió en Italia tenía apenas 20, 21 años de edad.



S. P. G. Esta etapa es fundamental en su formación, la de Florencia, el encuentro con los clásicos que de alguna manera define su posterior producción pictórica.
L. B. Si, definitivamente es lo que más ha influido su obra artística esto es la pintura del 400, 500 del renacimiento italiano, es decir, los artistas del renacimiento también le dan muchísima importancia al volumen, para ellos el arte era un mecanismo para general placer, el propósito del arte era exclusivamente el de generar placer y ellos encontraban que a través del volumen había una exaltación de la vida, una exaltación de la sensualidad.
El arte del renacimiento es muy voluminoso, es algo que a través de los años se fue perdiendo sobre todo cuando surgió el arte abstracto pero en la obra de Fernando Botero eso se vuelve a recuperar, se vuelve a rescatar y para él ha sido el mecanismo principal de su lenguaje y de su estilo.
S. P. G. Esto creo que explica la idea errónea que la mayoría de la gente tenemos de que Fernando Botero pinta gordos.
L. B. Exactamente, al contrario, dice, que nadie se lo cree, pero que él, en su vida ha pintado un gordo, y es verdad. Para él lo que es importante es el volumen, es la exaltación del volumen precisamente por esto, que es a través de la exaltación del volumen encuentra la sensualidad y la belleza, esto para él ha sido definitivo y ha sido lo primordial dentro de su pintura y dentro de su escultura obviamente.
S. P. G. A pesar de haber tenido algún acercamiento con la academia, ¿se puede decir que Fernando Botero es básicamente autodidacta?
L. B. Es autodidacta, es decir, el se inscribió en la academia de San Fernando cuando vivió un año en Madrid y dice que él vio una sola vez en su vida al profesor, el resto el pasó todo su tiempo en El Prado copiando a los grandes maestros lo mismo que hizo en Florencia, pasaba sus días en El Uffizi también copiando a los grandes maestros y leyó muchísimo los diarios de los grandes pintores de la época, todos escribieron diarios en ese entonces y también textos de grandes críticos como Berenson que escribieron sobre lo que fue el arte del renacimiento y lo que fue importante a través de la historia del arte y eso, él dice que lo impactó muchísimo, eso fue fundamental para él.


S. P. G. Creo que su primer encuentro con México y el arte de su momento también fueron relevantes.
L. B. Si, México para él fue fundamental, el vino aquí en 1956 y realmente vivió una de las etapas más formativas, ya venía de Europa, ya venía de esta gran apertura, de este gran contacto con la pintura del renacimiento. Obviamente él vino atraído a México por el movimiento del muralismo mexicano, como fueron atraídos muchísimos artistas latinoamericanos que vinieron acá, pero ese encuentro con el movimiento del muralismo mexicano fue muy importante, en parte porque los mexicanos fueron los primeros que le dieron importancia al tema local como un tema digno para el arte.
Hasta ese momento los artistas tenían una gran nostalgia por Europa y por los temas europeos y los mexicanos fueron los primeros en ese entonces que dijeron: “un minutico, pero lo nuestro también es importante, se vale pintar a nuestros indígenas, se vale pintar a nuestro pueblo, se vale voltear la mirada hacia nuestra raíces para recuperar un tema digno de nosotros”. Y eso fue importantísimo en la obra de Fernando Botero quien, obviamente a partir de ese momento solamente ha pintado lo que ha sido el tema de América Latina, sobre todo la Colombia de sus recuerdos, la Colombia de su infancia, esa ha constituido el grueso de su producción artística. También fue muy importante para él México, desde el punto de vista del color, porque en México no hay miedo al color, hay una gran explosión de colorido, tanto en las obras de arte como en la arquitectura y en el arte popular, esto también fue muy importante para él y finalmente fue aquí, el cuenta siempre esto: en su estudio una noche a las dos de la mañana, cuando, en el momento de hacer un boceto dibujo el contorno de una mandolina y al trazar el hoyo de la mitad lo hizo más pequeño y se produjo sobre el papel algo mágico para él, sobresalto en ese momento la monumentalidad de la forma que había trazado y entendió que había algo muy importante ahí, que de alguna manera respondía a una búsqueda que llevaba años, porque realmente esto no es un encuentro casual, es el resultado de un interés, de un trabajo en una cierta dirección, pero en ese momento, había un juego en las proporciones que respondía a algo que él estaba buscando. De alguna manera vio nacer ahí su estilo.


S. P. G. Ahí se marca también una parte muy lúdica de su obra.
L. B. Si, exactamente, es decir, todo este trabajo con la mandolina, con las formas, con las proporciones dan para un trabajo muy sensual en la obra de Fernando Botero.
S. P. G. Y puede ser incluso muy divertido.
L. B. Si, muy divertido, es decir, el humor siempre ha sido un elemento importante en su obra, él dice que el humor fue importante en la historia del arte universal, siempre a través del juego, las proporciones y él ha utilizado el humor, la ironía y la sátira como un elemento importante dentro de su obra.
S. P. G. Este encuentro con artistas mexicanos, por supuesto incluye a Frida y ahí se dan dos vertientes totalmente opuestas, porque ella expresa su dolor a través del arte, que es algo que Fernando Botero ni mínimamente ha aplicado ¿es así?
L. B. Fernando Botero ha pensado siempre que el objetivo del arte es generar placer y generar belleza y obviamente dentro de eso el dolor no cabe. Habiendo dicho esto el sí hizo dos paréntesis en su producción artística a lo largo de los últimos 63 años precisamente para retratar dos momentos de gran violencia, uno fue la serie que él hizo sobre la violencia en Colombia y otro la serie que él hizo sobre Abu Ghraib, y digo que si constituyen dos paréntesis en su obra en los cuales no quiso mantenerse al margen de un momento que se estaba viviendo tanto en su país, como en las cárceles iraquíes cuando los soldados cometieron una serie de atrocidades torturando a sus prisioneros y le produjo a él una gran indignación y una gran ira, y quiso, de alguna manera plasmar esto en su obra. A la serie de Abu Ghraib le dedicó un año y medio de trabajo y a la serie de la violencia colombiana también le dedicó más de un año y eso de alguna manera constituyó un paréntesis.
Pero la obra de Fernando Botero ha tenido el propósito de generar placer, de comunicar belleza y eso ha sido uno de los factores por los cuales la obra de él es tan accesible a la gente de todos los niveles socioeconómicos y culturales.
S. P. G. Además, como buen artista, comprometido con la realidad que se vive ¿cómo mantenerse al margen de un periodo tan violento como el que vivió su natal, Medellín con el narcotráfico?, y que ahora vivimos en México.
L. B. Exactamente, pero bueno, el siempre ha dicho que el arte no tiene la capacidad de producir grandes cambios políticos o sociales, el arte lo que si tiene es la capacidad de dejar un testimonio en la memoria colectiva de los seres humanos. Él dice que recordamos el bombardeo de Guernica que se produjo durante la guerra civil española porque Picasso pinto el cuadro de Guernica, si no, habría desaparecido como una anécdota más dentro de la guerra civil española, lo mismo sucedió con los fusilamientos del dos de mayo que pinto Goya, por eso el deseo plasmar este momento que se vivió en la violencia reciente de Colombia y también las atrocidades que se cometieron en la cárcel de Abu Ghraib, no porque pueda producir un cambio social o político sino para que quede un testimonio que perdure en la memoria colectiva.
S. P. G. En esta revisión que estamos haciendo de 63 años de producción artística, no podemos evitar hablar de Estados Unidos, de Nueva York.
L. B. El llegó a Nueva York en 1960, llegó con 200 dólares en el bolsillo, muy pobre y viendo de qué manera podía sobrevivir los primeros añoso allá, igualmente la tendencia artística del momento en los Estados Unidos era el expresionismo abstracto y por lo tanto la obra de Fernando Botero iba completamente en contracorriente con la tendencia artística del momento y así fue durante los 13 años que él vivió en los Estados Unidos. El trabajó muchos de estos años en el total vacio, fue un trabajo muy solitario y muy criticado, hasta que finalmente a raíz de una serie de exposiciones que se llevaron a cabo en cinco museos de Alemania, los galeristas y los marchant de arte americanos, empezaron a voltear la mirada hacia su obra. También en 1968, creo que fue, Dorothy Miller que fue una de los representantes del Museo de Arte Moderno de Nueva York fue a visitarlo a su estudio y compró un cuadro para el Museo, que hoy en día es parte de su colección y eso también fue fundamental para él, pero fueron muy difíciles esos primeros años en Nueva York, precisamente porque su propuesta era tan completamente diferente a lo que estaba sucediendo en ese momento artísticamente en los Estados Unidos.
S. P. G. Hay referencias muy claras en parte de la obra de Botero, de pintores clásicos, como retratos de Durero.
L. B. Sí, hay una sala entera de la exposición que está dedicada al tema de las versiones, no solamente son homenajes y tributos que Botero rinde a artistas que han sido importantes para él en el pasado, porque dice que la gran riqueza de un artista es la fusión de las influencias que ha recibido. Pero también ha considerado que a través del arte, es más importante el lenguaje propio, el estilo de un artista que el tema mismo y una forma de demostrar eso es apropiándose de ciertos temas que fueron hechos famosos por artistas del pasado, por ejemplo Las meninas, pintadas por Velázquez. él toma el mismo tema Las meninas y hace un cuadro completamente diferente, un cuadro que ya no es un Velázquez, es un Botero y sin embargo está hecho con base en un tema que trabajó Velázquez, de la misma manera lo ha hecho con diferentes artistas y diferentes temas que han sido importantes para él en el pasado, algunos de ellos Piero la Francesca, Durero, Velázquez, Angres.
S. P. G. De hecho hasta hay una Mona Lisa niña, de Botero.
L. B. Si, ese fue precisamente el cuadro que compró el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se llama La Mona Lisa 12 años, y obviamente es una versión que él hizo sobre la obra maestra de Leonardo da Vinci y sin embargo no es un Leonardo da Vinci, obviamente es un Botero, es decir, nuevamente es como el estilo es lo más importante de todo, y lo mismo sucede con las naturalezas muertas, es de los pocos artistas que le han dado tanta importancia al tema de la naturaleza muerta y es porque él dice que de todos los temas este es el más sencillo. Una naranja pintada por Picasso es completamente diferente a una naranja pintada por Cezanne y completamente diferente a una naranja pintada por Botero y lo que importa es que, en un tema tan sencillo en una forma tan sencilla de la naturaleza se pueda reconocer el estilo de un artista.
S. P. G. ¿Se puede dividir la obra de Botero por etapas?
L. B. Yo creo que si… mas bien dividirla por temáticas, no tanto por etapas, en la obra de Botero no se han producido grandes cambios, lo que se ha producido es una evolución constante, él dice que su obra no puede dar un viraje radical de 180º como sufrió la obra de Picasso que es uno de los pocos artistas que ha tenido estos cambios tan radicales de estilo a lo largo de su vida porque, en su caso lo que él ha ido haciendo es una profundización cada vez mas y mas dentro de las convicciones que él ha tenido artísticas y que han predominado, que han manejado su obra, eso es lo que es importante, las convicciones artísticas que son las que predominan, las que manejan la obra de un artista, el lenguaje y el estilo de un artista es el resultado, el reflejo de esas convicciones artísticas.



S. P. G. ¿Es verdad que sus herramientas de trabajo son mínimas, que sus pinceles son mínimos así como su paleta de colores, que no pinta en caballete y ni siquiera usa bastidor?
L. B. Yo no sé si los pinceles, tiene muchísimos pinceles, son latas y latas llenas de pinceles que utiliza, pero él trabaja sin bastidor, trabaja en el estudio directamente sobre la pared, cuelga los rollos de lienzo precisamente para no sentirse limitado de antemano por un bastidor o un formato que ya está predeterminado, y cuando ya está terminado el cuadro le coloca unas tiras de papel para que la persona que venga a hacer el bastidor sepa de qué tamaño quiere él el cuadro pero trabaja sin limitaciones desde ese punto de vista. Igualmente cuando hace la mancha de color él hace un  primer trazo del dibujo sobre el lienzo y después hace la mancha de color, que la hace muy rápidamente con grandes gestos digamos para que todo el trabajo creativo y la parte expresiva del cuadro quede plasmado en ese momento, después deja secar esa primera mancha de color y luego vuelve a repintar el cuadro y ya en ese momento afina la composición, afina el dibujo y afina el color, total de que, a pesar de las diferentes intervenciones sobre la obra se producen muy rápidamente si se tardan unos 4, 5 meses un cuadro en terminarse porque tiene que trabajar en diferentes etapas.
Yo diría que su paleta de color es bastante limitada, pero con esos pocos colores hace mucha combinación de colores, pero él dice que precisamente la gran armonía que existe en la paleta de los artistas y los pintores del renacimiento se produjo porque trabajaban con pocos colores y a partir de esos pocos colores hacían diferentes mezclas, con una paleta limitada se puede producir una gran variedad, una gran abanico.
S. P. G. El revalora todas estas grandes técnicas clásicas e invita a los artistas jóvenes y contemporáneos a volver la vista hacia ellos, prescindiendo de modernas tecnologías.
L. B. Precisamente él dice que una de las cosas que se han perdido en el arte contemporáneo es la técnica para pintar, que el arte de la pintura es una cosa que se ha ido perdiendo con los años y con el tiempo y que es una gran tristeza porque en la época del renacimiento los alumnos estaban en los estudios de los grandes maestros desde que eran pequeños, cuando iban simplemente a recoger agua, a prender la chimenea, a meterle leños, etcétera, etcétera, sin embargo estaban viendo trabajar a los grandes maestros y escuchaban las conversaciones que se producían en el taller en torno a lo que era la producción artística de un artista, hoy en día eso se ha perdido completamente. El artista es un ser solitario que trabaja a solas y ese trabajo de técnica es una cosa que se ha perdido, lastimosamente.
S. P. G. Dos artistas colombianos contemporáneos dan a conocer su maravilloso país a partir de sus respectivas disciplinas artísticas: Gabriel García Márquez en las letras y Fernando Botero en la plástica, y ambos lo hacen a partir de voltear la atención a sus propias localidades, ofrecen un arte universal.
L. B. Si, precisamente, son dos artistas que en dos campos completamente diferentes han hecho de un tema muy local algo muy universal pero esa es una posición que muchos artistas han defendido a lo largo de la historia del arte y que pocos artistas lo aplican hoy en día dentro de ese mundo de la globalización y de la internacionalización. Pero sí, son dos artistas que voltearon la mirada a sus propias raíces e hicieron con ello algo muy universal.




S. P. G. ¿Qué significa esta celebración de Fernando Botero en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México?
L.  B. Es un gran privilegio ver su obra expuesta aquí en este recinto y en este museo que es considerado uno de los más importantes de toda América Latina, un gran privilegio para él regresar a México, que, como te decía, es un país que ha sido tan importante para él a lo largo de los años, en el cual ha vivido uno de los momentos más importantes de su carrera, también es un gran privilegio para el museo ver esta obra, que es la retrospectiva más grande, colgada en sus salas y ver el entusiasmo con el cual el público mexicano ha acogido esta exposición.
S. P. G. ¿De dónde procede la obra?
L. B. De diferentes colecciones privadas, entre ellas el Museo de la universidad de Berkley, de California, nos trajo los 10 cuadros de la sala de Abu Ghraib que vinieron en calidad de préstamo y también de otras colecciones privadas y de la colección privada de mi padre también.

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