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lunes, 23 de julio de 2012

TETRALOGÍA LA SANGRE DE LAS PROMESAS II


BOSQUES, de Wajdi Mouawad.

¿Qué no veo en mi?

Texto y fotos: Salvador Perches Galván. 

Erase que se era un bello coliseo creado por Atenea Chávez, e iluminado por Auda Caraza, en donde 9 esplendidos ACTORES , así, con mayúsculas dan vida a 37 personajes: Úrsula Pruneda (alternando con Arcelia Ramírez), Antón Araiza, Pedro Mira, Sonia Franco, Concepción Márquez, Violeta Sarmiento, Rebeca Trejo, Raúl Villegas, Alejandro Reza, Jorge León y Adrián Vázquez , vestidos por Mario Marín del Río, con música original de Ariel Cavalieri, la coordinación técnica de Roberto Paredes, Anabel Caballero asistente de dirección, Rebeca Trejo Producción ejecutiva, todos bajo la acertadísima dirección de Hugo Arrevillaga (equipo de cabecera de Tapioca Inn y de Arrevillaga), recrean un sórdido cuento, que nada tiene que ver con los de los hermanos Grimm, ni los de Perrault, con lobos usurpando abuelas, o mas bien, si tiene que ver con usurpaciones. La historia es la siguiente… Seis mujeres se enfrentan a la incoherencia de su propia existencia, a raíz de que en 2003, la menor de ellas y un paleontólogo, deciden buscar el origen de la enfermedad incurable que mató a su madre. Es así como, a través de promesas no cumplidas, de generación en generación, ese viaje se remonta hasta 1917, año en el cual un soldado desertor de la Primera Guerra Mundial, Luciano Blondel, se refugia en el corazón del bosque de Ardennes, Francia, para descubrir un zoológico y el amor de su vida: Léoni. Sin embargo ellos y su descendencia quedan atrapados en un laberinto de guerras, catástrofes y traiciones que se extienden por todo el siglo XX, del que sólo podrán salir cuando las promesas traicionadas sean cumplidas.



En Bosques vamos desde 1870 en la guerra Franco Prusiana, pasamos por la 1ª y 2ª guerras mundiales, a los campos de concentración de Dahau, para ir al 2006 en Montreal, a la matanza de mujeres en el Politécnico de Montreal, un suceso que marcó profundamente a la sociedad canadiense porque esto era inaudito en un lugar tan apacible como lo es Canadá.

Como afirma Wajdi Mouawad, su autor, las tres primeras partes de la tetralogía La sangre de las promesas, que son Litoral, Incendios y Bosques, corresponden a una misma forma de contar historias, cada una de ellas tiene un tema y un abordaje particular, la búsqueda indaga en nuestras raíces, ¿de dónde venimos? ¿cuál es este suelo dónde estamos parados? y ¿qué ha tenido que suceder para que nosotros estemos hoy, en este momento aquí platicando frente a frente?. En Bosques esta búsqueda es mucho más rabiosa, mucho más profunda a nivel de historia y anécdota.



Esta historia atraviesa prácticamente un siglo, el personaje a través del cual viajamos es Lobo, una joven que a sus 18 años se tiene que plantear preguntas fundamentales para seguir viviendo: ¿quién soy?, ¿dónde estoy?, ¿qué es esto que me está destrozando la existencia? Y ¿qué es lo que tengo que encontrar para saber quién soy?. “¿No te parece importante encontrar tu lugar en el mundo ahora que tienes 18 años?” Mi corazón atravesó un siglo

Hay una necesidad inacabable del autor de darle un nombre al alguien, solo un nombre, si esa persona desapareció por lo menos que se mantenga su nombre, si nadie nombra a esa persona desaparecida, ella realmente no habrá existido.



A Wajdi Mouawad los calificativos no le cuadran, porque su trabajo es sustantivo. Es un poeta del escenario. Vivió en su Beirut natal hasta los ocho años. Allí, desde lo alto de un edificio, vio cómo un autobús repleto de refugiados palestinos era acribillado por las milicias cristianas, al comienzo de la guerra civil libanesa. Sus padres se lo llevaron a París. Seis años después tuvieron que abandonar Francia. En Montreal, él y su familia corrieron mejor suerte. "En el exilio, tuve que buscarme algo con lo que recrear el espacio de felicidad de mi infancia, algo que volviera a ponerme en relación con la naturaleza". Y ese algo fue el teatro. Empezó a dirigir, a actuar y a escribir, ¡con qué resultados!

Espectáculos de largometraje hay muchos. Los de Mouawad nos remiten a las tetralogías griegas: son tragedia pura.



Bosques, es un viaje alucinante por el árbol genealógico de Lobo, joven desarraigada, y de su madre, que ha desarrollado un tumor maligno en torno al embrión de un hermano gemelo, hipertrofiado e inserto en su propio cuerpo. Un paleontólogo y un psiquiatra les guían raíces adentro, hasta llegar a la última capa freática. La obra más compleja de Mouawad se desarrolla sincrónicamente a fecha de hoy, durante las dos guerras mundiales y durante la guerra francoprusiana de 1870. "Hacía mucho que soñaba con un espectáculo que explorase la cuestión del odio entre pueblos hermanos instalado por razones oscuras, que se remontan varias generaciones. Del odio ancestral. Enseguida pensé en Palestina, pero me pareció difícil hacer teatro de un acontecimiento actual sin traicionarlo. Leyendo Platón y Europa, de Jan Patocka, reparé en el odio entre alemanes y franceses. Y buscando un personaje histórico cuya vida atravesara las tres últimas guerras francoalemanas, di con Pétain: Bosques comienza cuando Pétain estaba en edad de jugar con Rimbaud a las canicas".

El autor, a sus 40 años, dice. “No siento que pertenezca a ese mundo. Lo creía, pero descubro que quizás no pertenezco del todo al mundo del teatro. Y, curiosamente, no me hace infeliz. Es verdad que tiene algo que ver con el exilio. Un poco como con el Líbano. Pertenezco a ese país, pero no puedo decir que sea libanés”.

Mouawad nació, efectivamente, en el Líbano en 1968, pero tuvo que marcharse con sus padres y su hermano mayor a París por el inicio de la guerra civil con solo ocho años. Cuando ya había empezado a adaptarse a un país y una lengua nuevos, con 15 años tuvo que volver a emigrar con su familia a Quebec porque las autoridades francesas no les renovaron la carta de residencia. Y, en Montreal, fue donde Wajdi pudo empezar a sentar parte de sus raíces al diplomarse en artes escénicas y escribir dramaturgia, poesía y novelas, a principios de los años noventa. En sus escritos perseguía y persigue el recorrido de este exilio a través de historias, relatos y unas imágenes que transfiere al teatro, aunque se vea fuera de él.

El punto fuerte de Wadji Mouawad es la tragedia, género en el que se siente cómodo y que aborda a partir de fábulas contemporáneas: “La tragedia griega es un zócalo de referencia para mí. Los griegos creían que cuando se les obligaba a hacer y rehacer el mismo gesto era para encontrar dónde fallaban. No veían que fuera un comportamiento neurótico, sino una manera de encontrar el error. Contar siempre la misma historia se parece, en mi caso, a esta tentativa de encontrar en dónde se deslizó el error de una historia condenándome a una pena extraña, aunque reconozco que me gusta bastante. Pero lo que me gusta de los griegos, y en especial de Sófocles, es el sentimiento de la revelación. Posiblemente porque es una cuestión que a menudo me planteo: ¿qué no veo en mí?

En el caso de la triada inicial de la tetralogía La sangre de las promesas, las obras tienen un argumento común y personajes que evolucionan de una a otra. “Comparten el tema de la promesa no cumplida, o mejor dicho, el de aquéllos que la profieren y la tienen que cumplir. Y de las razones por las que no pueden cumplirla y sus consecuencias”.



A menudo me pregunto qué me habría ocurrido si me hubiera quedado en el Líbano, de qué lado estaría. Pero esta cuestión es un pozo sin fondo. Creo que como artista, mi vida me sirve de laboratorio. El mío es la guerra, la familia, el exilio. Mis experiencias, la amistad, el abandono, la violencia, todo esto viene de Líbano pero también de Europa. No veo frontera.

Con esta biografía era irremediable que la identidad fuera otro de sus grandes temas: “Al venir de varios países, no hay un lugar en el que me sienta en casa. La cuestión no es de dónde eres, sino de dónde te sientes, y si respondo, veo que sobrepasa los límites nacionales”. Y añade que hay una zona, el Mediterráneo, que sí inspira su trabajo.

Bosques es una historia de infancia que guarda un zoológico inimaginable, denso y profundamente poblado. Un entramado de promesas cumplidas o traicionadas, de amistad, de guerra, de rabia y de sed. Es la tercera parte de la tetralogía La sangre de las promesas, escrita por Wajdi Mouawad, traducida por Raquel Urióstegui y espléndidamente dirigida por Hugo Arrevillaga, quien afirma “es una historia, grande y profunda, tan alta como un árbol, tan profunda como sus raíces”. Es la historia de Lobo y de seis mujeres que la preceden. Lobo es muy joven y acaba de perder a Amada, su madre, a quien en realidad empezó a perder desde antes de que ésta la diera a luz. Luz es la madre de Amada, a la que abandonó, pero a su vez a ella su madre no le cumplió una promesa, lo que destrozó su infancia.



Lobo tendrá que emprender una búsqueda en sus orígenes, con el valor que necesitaría un lobo cachorro para atravesar por primera vez la noche en pleno invierno, hasta llegar al inicio, a su origen, y entender cómo su familia pudo atravesar un continente para sobrevivir guerras, incendios y traiciones. Sólo al encontrar esta verdad, Lobo podrá al fin cortar el hilo de todos esos abandonos y reconstruir la historia, juntar pedazos, aliviar cada recuerdo y arrullar cada imagen, dulcemente, para sonreír de nuevo. Para que nadie diga que su corazón permaneció cerrado.

Para los escépticos, para quienes dudaban que el talentoso director podría superarse luego del suceso, artístico y de público de Incendios, Hugo Arrevillaga refrenda su sensibilidad, su talento, que comienza con rodearse del mejor equipo, de su muy particular forma de leer y traducir en imágenes los textos, particularmente con Bosques, en donde Mouwad se regodea en lo bizarro, abigarrado y sórdido, entregando una historia llevada al límite, retorcida hasta lo indecible, llevándola, incluso a lo inverosímil, poblada por incestos, personajes freak, como un hermafrodita, pese a ello, Arrevillaga nos regala con una bellísima puesta en escena, plena de imágenes poéticas, espléndidamente actuadas, en este terreno es justo reconocer la brillante interpretación de Ursula Pruneda, seguramente Arcelia Ramírez ofrece una actuación igual de memorable que la de su alternante, así como las de Anton Araiza y Jorge Leon, sin demeritar el trabajo del resto de sus compañeros, porque, como es común en el director, logra unificar, homologar y llevar a niveles insospechados las capacidades histriónicas de elencos. También refrenda su gusto por la intimidad entre el espectador y sus intérpretes con reducidos espacios, en donde el público puede, literalmente rozar a los actores, puede olerlos, y, por ende, no puede ser engañado con falsos recursos interpretativos.

Con la tetralogía La sangre de las promesas, Mouawad evidencia su preocupación por decirle al espectador que puede ahondar en sus raíces, encontrar de dónde viene, hasta dónde se está dirigiendo y parece una reflexión fundamental para el ser humano en este momento. ''Ahora, en pleno siglo XXI, podemos comprobar que la tragedia está viva como género dramático'', afirma finalmente Hugo Arrevillaga Serrano, de quien esperamos inminentemente la cuarta entrega de esta tetralogía con la puesta en escena de Cielos.

El teatro es de todos. ¡Asista!

Muy recomendable. Asista temprano porque los boletos se agotan.

Bosques. De Wajdi Mouawad

Dirección: Hugo Arrevillaga

Con Úrsula Pruneda / Arcelia Ramírez, Pedro Mira, Concepción Márquez, Antón Araiza, Sonia Franco, Violeta Sarmiento, Raúl Villegas, Alejandro Reza, Jorge León, Adrián Vázquez y Rebeca Trejo,.

Teatro Benito Juárez, Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc. A un costado del Monumento a la Madre. Metrobus Reforma

Miércoles 19 horas, hasta el 1 de  agosto


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