Translate

lunes, 23 de julio de 2012

TETRALOGÍA LA SANGRE DE LAS PROMESAS


LITORAL, de Wajdi Mouawad

Desahuciado está el que tiene que vivir una cultural diferente.

Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

"Deja los caminos porque todos los caminos te llevan a la tierra;

sólo el abismo conduce al sueño.

Vayan por los caminos. Agótense caminando.

Antes de que caiga el atardecer. Con rabia, con ira. Hasta el final de los caminos, de los países, de las alegrías, del tiempo.

Después de los amores y de las penas, de las alegrías y los llantos,

de las perdidas y los gritos.

Justo después, está el litoral y el mar abierto.

Que se lleva todo. Todo.

Aunque me sumerja en las profundidades del mar, seguiré siendo tu fuerza. Nada es más fuerte que el sueño. Él nos unirá para siempre”.

Wajdi Mouawad. LITORAL


Desde los albores de la historia, cuando el Líbano era conocido como Fenicia, siempre ostentó una gran riqueza cultural. Ubicado en el punto de encuentro de tres viejos continentes, el país de los cedros jugó en forma permanente el papel de centro de intercambio de cultura entre Oriente y Occidente.

A pesar de muchos años de guerra, la actividad cultural del país ha sido siempre intensa. A principios del tercer milenio, Beirut recupera su papel de “Capital cultural del mundo árabe”, declarada de tal forma en 1999 por la UNESCO.

La imprenta fue introducida en el país en 1702, pero hasta comienzos del siglo 19 los libros no religiosos, especialmente los de enseñanza de la lengua árabe comenzaron a ser accesibles para el público. En ese tiempo, el Líbano era uno de los primeros cuatro países editores del Mundo Árabe. En 1820, las misiones europeas llegaron a las costas libanesas predicando nuevas culturas y fundando escuelas. Estos idiomas extranjeros influyeron en la cultura libanesa a tal punto que, durante la ocupación francesa, después de la 2ª Guerra Mundial, el país era el lugar perfecto para actuar como intérprete entre ambos mundos. Actualmente los nuevos autores tienen niveles altamente competitivos.

Después de un largo período de inactividad cultural debido a la guerra, se creó el Ministerio de Cultura en 1992, seguido por muchos centros culturales y artísticos. Sus dos instituciones culturales más importantes son el Instituto de Bellas Artes de la Universidad Libanesa y el Conservatorio Nacional.

El teatro es el primer espejo de la sociedad, como dijo alguna vez el director francés Jean Vilar. El teatro libanés es un espejo que refleja los dolores, ansiedades, alegrías y pasiones de la nación. Refleja también la importancia cultural, social e intelectual de la sociedad.



En 1948 Maroun Naccache, el padre del teatro árabe, presentó la primera comedia escrita y presentada por un libanés, una adaptación de El Avaro, de Molière. Esto marcó el nacimiento del teatro libanés. Aun cuando se trasladó a Egipto durante la ocupación otomana, el teatro libanés floreció en el país, en los años 60.

A pesar de los años de guerra y sus consecuencias, el teatro libanés pudo brillar internacionalmente con el Festival de Baalbeck. Al mismo tiempo, un grupo de estudiantes del Centro Universitario de Estudios Dramáticos, presentó un nuevo estilo de obras abstractas. El teatro armenio tuvo una gran influencia en los artistas libaneses En el Teatro de Constantinopla se enseñó a los artistas locales técnicas básicas de actuación. El Teatro Libanés pasaba un período difícil debido a que la mayoría de las obras eran censuradas por la situación durante la guerra. En 1974 termina una etapa gloriosa del teatro libanés.

Después de los primeros choques, la población se adaptó a la nueva situación y el público iba al teatro en su zona de la capital. Después de estar separado en dos, el teatro se unió nuevamente en el Distrito Central de Beirut.



Si bien la crisis autoral parece ser un problema importante en el Líbano, debido a la escasez de dramaturgos y el predominio de obras extranjeras, se enseña teatro en muchas instituciones. Y, a pesar de que la guerra ha alejado al público, salvo una minoría que se mantuvo fiel, las obras recientes confirman que el teatro libanés está recuperando su público y su vitalidad. La juventud, que constituye el público y los autores, está haciendo prosperar el teatro y haciéndole recuperar su prestigio. Actualmente, el teatro se esfuerza por superar los efectos de la guerra y encontrar su identidad, pero sufre varias crisis: de producción, de autores y de público. Es por eso que los productores están cada vez más motivados para financiar nuevas obras. Los grandes ríos del teatro libanés parecen fluir nuevamente.

En aquel desolado panorama libanés nació Wajdi Mouawad en 1968, siendo, en sus propias palabras: libanés de infancia, francés de forma de pensar y québécois de su teatro. Eso es lo que le pasa a alguien que pasa su infancia en Beirut, su adolescencia en París y se hace adulto en Montreal.

Wajdi Mouawad pertenece a la nueva generación de figuras del teatro que están transformando la escena francófona gracias a una gran fuerza imaginativa y a una escritura de extraordinaria calidad. Ha escrito, adaptado, traducido, actuado y dirigido obras para públicos de todas las edades. Fundó el Théâtre Ô Parleur, con el fin de celebrar el lenguaje y las ideas y mandarlos a viajar. Afirma que si tuviera un saco para golpear no escribiría más.



En 2005, funda en Quebec, Carré cé carré y en Francia El Cuadrado de la hipotenusa, ambas, compañías de creación; ambas, estructuras que corresponden a los dos lados del Atlántico y son emblemáticas de una aventura teatral franco-québécoise. A partir de 1991, dirige sus propios textos, también los de otros autores, incluidos Shakespeare, Sófocles, Euripides, Frank Wedekind, Pirandello o Chéjov.

Litoral le valió el Premio del Gobernador general en 2000, también recibió el premio Molière, galardón de teatro francés, al mejor autor francófono. En 2004 dirigió la versión cinematográfica de Litoral adaptación de su texto.

Como canta Tania Libertad en Solo le pido a Dios, “que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte”. “desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente”. Litoral es la primera parte de la tetralogía La sangre de las promesas, que encuentra su inspiración en la experiencia dolorosa de la guerra y del exilio – el autor tuvo que abandonar Líbano en guerra y exiliarse en Francia con su familia cuando tenía ocho años –, la obra relata el viaje de un huérfano a la tierra de sus antepasados. El protagonista quiere ofrecer una sepultura digna a la mortaja de su padre, muerto en el exilio, pero no hay sitio en los cementerios de su país natal, que ya tiene demasiados muertos.



El padre de Wilfrid muere. Un conflicto con la familia materna, a propósito del entierro de su padre, lo anima a salir de Quebec con ataúd en brazos. Destino: Líbano, el país de sus padres. Una vez en el lugar, comprueba que los problemas sólo comienzan. La cultura de guerra, el desprecio por otros en Líbano hace de cada gesto, por mas insignificante, como enterrar un ataúd, algo inútilmente complicado. Al mismo tiempo, afloran los traumatismos que han marcado la vida de las personas que Wilfrid encuentra en Líbano.

En el 2004, la compañía de teatro Tapioca Inn, basándose en la traducción de Boris Schoemann y Cesar Jaime Rodríguez y bajo la dirección de Hugo Arrevillaga, llevó a cabo una lectura dramatizada de la primer parte de Litoral dentro de la 3ª Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, organizada por el Centro Cultural Helénico y Los Endebles.

El espectáculo fue todo un éxito y a partir de eso se empezó a planear el montaje de la obra completa para finales del mismo año. Sin embargo el destino o la vida o la muerte, cambio los planes y el montaje quedó suspendido.

Litoral, surge "a partir del encuentro de un grupo de gente, de amigos, de actores, de diseñadores, de gente que nos queríamos, y que al llegar a los 30 años tratamos de saber a que le teníamos miedo. Y resultó que nadie le tenia miedo a su propia muerte, pero si a la de aquellos que nos habían dado la vida, y también al amor, sobre todo al amor", afirma Arrevillaga.

Litoral es la historia de Wilfrid, y también la de su padre. Y de cómo” la cogida de tu vida puede convertirse en tu peor pesadilla”. Litoral es eso, y también un viaje interior, un viaje iniciático: la búsqueda de identidad, la confrontación con las raíces con la realidad más cruda y con las fantasías que se niegan a morir.



Litoral se estreno en una primera versión en el 2006 y volvió a escenarios capitalinos en una nuevo montaje en la Muestra de Artes Escénicas del año pasado y ahora cohabita en el Teatro Benito Juárez, por una breve temporada con las otras tres partes que conforman la tetralogía La sangre de las promesas, un suceso teatral único, de obligada visión.

Litoral es el sueño que arranca del cadáver del padre y del retorno al mar con él a cuestas. Para el autor se trata de “dar, como dice Mallarmé, un nuevo sentido a las palabras de la tribu”. Para el espectador se trata de aceptar sugerencias, a veces escalofriantes y a veces enormemente dulces, que convoquen a la propia tribu, al propio exilio, al cadáver de un padre echado al lomo para volver al mar. Dice el personaje central: “Soñar siempre vuelve loco” y “lo más doloroso del sueño, es que no existe”.



El trabajo actoral, en todos los casos, resulta ejemplar: Pedro Mira (único actor que está en las cuatro obras de la saga, y también en Pacamambo), Guillermo Villegas, Alejandra Chacón, Sonia Franco, Miguel Romero, Adrián Vázquez, Tomás Rojas y Rebeca Trejo asumen todos los riesgos y se lanzan en busca de su litoral más lejano. Auda Caraza y Atenea Chávez crean el espacio de un insomnio habitado por las figuras que los sueños encarnan. Y todos ellos siguen a Hugo Arrevillaga, el director, porque Litoral es la encarnación de su propio sueño como director y adaptador.

Litoral es también, como canción, de los Beatles, un viaje mágico y misterioso, una puesta en escena extraordinaria de un grupo de artistas comprometidos, que minuciosa, apasionadamente se aventuran a la travesía, conduciendo al sorprendido espectador, por un itinerario de imaginación, de fantasía, de imaginería y de mucha creatividad, una puesta en escena conmovedora que lo mismo nos hace reír que llorar, pero ni la risa ni el llanto son gratuitos ni sensibleros, son emociones encontradas que nos invitan a la reflexión, a una profunda toma de conciencia de los horrores de la guerra, del exilio obligado, de los niños destrozados física y emocionalmente, y también, a una visión poética de la muerte, de la paternidad, de la lealtad y de la solidaridad.

El teatro es de todos. ¡Asista!

Un trabajo impecable, absolutamente recomendable.

Litoral, de Wajdi Mouawad

Dirección y adaptación Hugo Arrevillaga

Actuación: Pedro Mira, Guillermo Villegas, Alejandra Chacón, Sonia Franco, Miguel Romero, Adrián Vázquez, Tomás Rojas, Rebeca Trejo.

Teatro Benito Juárez, Villalongín 15, Colonia Cuauhtémoc. A un costado del monumento a la madre. Metrobús Reforma.

Martes 20 horas, hasta el 31 de julio.




No hay comentarios:

Publicar un comentario