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jueves, 26 de julio de 2012

TETRALOGÍA LA SANGRE DE LAS PROMESAS CIELOS



CIELOS, de Wajdi Mouawad.

No hace convivir ni dialogar a los vivos con los muertos.

Texto y fotos: Salvador Perches Galván.



Ni cima

Ni escarcha

Ni tinta

Ni verano lino

Ni jardines cifrados

Cuando alcanfores

Caen los ángeles

Pliegue tan pálido

Mazo cayendo, cayendo

El arte declina la muerte

Taciturno charco

Murmurando

La ebria palabra

Que me concibió.

Wajdi Mouawad. Cielos



Fruto del choque entre el mundo árabe, el europeo y el americano, Wajdi Mouawad es el poeta de un teatro narrativo o épico, de origen libanés, forzado al exilio en Canadá, se ha convertido en uno de los dramaturgos más impactantes de la escena internacional.

En un acto inusitado, planeado y realizado con gran esfuerzo el Teatro Benito Juárez del Sistema de Teatros de la Ciudad de México presenta la tetralogía completa de La Sangre de las Promesas, de Mouawad, integrada por Litoral, Incendios, Bosques y el estreno de Cielos, cuarta parte de la tetralogía, única oportunidad para que el público que no ha tenido la ocasión de ver la saga pueda hacerlo, lo cual es un hecho difícil de repetir.



En este colectivo escénico el autor toca el corazón y el alma del público, en estos momentos donde al ser humano le hace tanta falta incorporarse y tocar las fibras más profundas de sus ancestros y razones ocultas.

En Cielos, aislados en un lugar secreto, cinco personas que forman parte de una organización internacional llamada Sócrates, se dedican a espiar conversaciones telefónicas y a escudriñar el cielo para intentar evitar un inminente atentado terrorista. Sin embargo, cuando uno de ellos se suicida el mundo personal de cada uno comienza a derrumbarse, al tiempo que la historia misma se pone en entredicho. ¿Es posible que la belleza del mundo y la poesía den a luz a los demonios de su propia destrucción?.

Cielos, broche que cierra la tetralogía, viene a contradecir, en fondo y forma, cuanto defienden los tres espectáculos anteriores: la importancia de la memoria, la sed de infinito, la búsqueda de un sentido a la vida. Eso son cosas que pueden perder el mundo.




Cielos busca ser, desde su creación por parte del autor, un epílogo, epílogo que él siente necesario ya que si en las tres primeras mencionó, buscó en la necesidad del ser humano de indagar en las raíces, en la memoria, en la sangre, como se ha visto en Litoral, Incendios y Bosques, para entender su lugar en el mundo y encontrar o rozar el misterio de la existencia, en Cielos dice todo lo contrario, no es fundamental esa búsqueda sino simplemente hacer una indagación en el aquí y ahora, eso es Cielos y entonces aparece como un grito de rabia de una generación joven para confrontar y asesinar a sus padres.



Para llegar a arrancarse los ojos hay que haber vivido previamente en una ceguera. Si bien yo estaba consciente de que Cielos era la última parte de un cuarteto iniciado con Litoral, seguido de Incendios y Bosques, no podía imaginarme que su conclusión iba a ser, no una palabra, sino un grito. En efecto, es un llanto desarticulado lo que se deja escuchar en los últimos instantes de Cielos. Ese alarido cierra la puerta de La sangre de las promesas.



Cuando durante los últimos días de ensayos pusimos en escena ese grito, no me daba cuenta que ésta era la frase que faltaba y que yo estaba intentando encontrar en los meandros de las palabras y de la belleza. Fue en el preciso instante en que John Arnold, el actor que interpretaba a Charlie en mi puesta en escena, lo vociferó por primera vez, con el dolor y la potencia insensata de la cual él es capaz, que me di monstruosamente cuenta de hasta qué punto ese grito, desde hace mucho tiempo callado en mí, pena tras pena, se había sedimentado bajo la capa opaca de las razones y de las aceptaciones, en la resignación de las tristezas, que quita todas las esperanzas en el mañana.

La hipotenusa es esa diagonal fabulosa que une en su punto más lejano dos segmentos que están ligados en su base por un ángulo recto. Dos seres a quienes todo los separa sólo pueden ser unidos por un gesto diagonal que es el gesto hipotenusa. En ese sentido, el grito de Charlie Eliot Johns es un grito hipotenusa, puesto que une Cielos a Litoral, Incendios y Bosques.

Contrariamente a las otras tres, Cielos no sustenta ninguna referencia al pasado, ni a la infancia, ni a los orígenes de los protagonistas. Cielos no es un grupo de actores interpretando cada uno varios personajes, Cielos no hace convivir ni dialogar a los vivos con los muertos, Cielos no fue pensada en una relación frontal, sino en un contexto escenográfico que integra a los espectadores en el cuerpo mismo de la representación. Cielos no se preocupa por las historias secretas de las familias, Cielos finalmente no pone en el centro de su relato a un personaje salido de la adolescencia.




Incluso, son precisamente los argumentos “salvadores y consoladores” que se encuentran en Litoral, Incendios y Bosques los causantes del dolor de Charlie Eliot Johns, de tal manera que todo separa a Cielos de las otras tres primeras obras, y puesto que todo o casi todo las separa, el grito surge en su instante, en su diagonal, para crear el vínculo y dar nacimiento a ese cuarteto al que he querido titular La sangre de las promesas.

A todos aquellos que participaron en este viaje que ha sido la escritura y puesta en escena de esta tetralogía, desde la creación de Litoral hasta la creación de Cielos, quiero desearles un buen camino. Estas obras darán testimonio de lo que habremos vivido juntos.

Wajdi Mouawad




Cielos es el cierre de la tetralogía, es una especie de epílogo, como lo llama el autor, en ese sentido el plantea el rompimiento con la estructura incluso dramática y de elementos que había utilizado en las tres primeras obras. Explícitamente el autor pide que se utilicen medios como el video y una sonorización muy específica para poder dar la atmósfera en el universo que plantea Cielos. Eso ha sido algo que ha confrontado al equipo creativo, a su director y a los actores porque ha significado una exploración por caminos que no habían tomado, por lo menos en La sangre de las promesas, y se ha tornado un desafío interesante.

En Cielos se toca la poesía, y de forma estelar la pintura, en particular el cuadro La anunciación, de Tintoreto, a partir del cual aparece el grito de toda una generación confrontándose con sus propios padres. Ese grito no necesariamente tiene que ser algo que veamos, que escuchemos, es un grito que probablemente esté dentro de cada uno de nosotros, en ese sentido Cielos busca hacer eso, generar ese grito dentro de cada uno de los espectadores.



Cielos, no da respuesta a las preguntas planteadas en Litoral, Incendios y Bosques, más bien plantea otra pregunta. Afirma Arrevillaga: creo que en eso Wajdi Mouawad y Shakespeare tienen un punto importante de encuentro, no escriben historias que den respuestas, sino plantean preguntas y eso es lo que uno como artista y espectador está buscando todo el tiempo. Yo estoy seguro que después de todo este trabajo con estas cinco obras, cada uno de nosotros se lleva muchas más preguntas que certezas y eso es muy hermoso porque uno entonces piensa, tal vez no son tan necesarias las certezas, eso es lo que dice Mouawad en Cielos ¿cuál es la verdad? Es como la física cuántica, hay muchas historias ocurriendo al mismo tiempo, no podríamos decir cuál de ellas es la verdadera, cuál de ellas lleva la verdad. Cielos plantea esto, no me atrevería a decir que es el cierre de un círculo, más bien abre el horizonte para que el espectador y los artistas sigan desarrollando estas historias desde Litoral se genera una comunidad de jóvenes que acompaña a un occidental en su recorrido para encontrar el mejor lugar posible para enterrar y hacer descansar los restos de su padre, todos comparten esa pena y esa perdida, todos compartimos una pena y una perdida y una ausencia tal vez, que se convierte en belleza, esa belleza es la que nos hace vivir el día a día. Ese continuar los caminos, tomar los caminos, seguir adelante, es lo que Mouawad plantea desde Litoral lo plantea en Incendios, lo plantea en Bosques, lo plantea en Cielos de maneras distintas pero ahí está.


Con su brillante puesta en escena Hugo Arrevillaga, con el talento y sensibilidad que lo caracterizan y tal y como sucedio en Bosques, vuelve a superar el texto de Mouawad, que a ratos parece un best seller escrito por Dan Brown, en donde, afortunadamente, no aparece Tom Hanks. Arrevillaga crea una novedosa puesta que, pese a las ya mencionadas rupturas de forma y fondo, da una unidad estilística con el triunvirato que la antecede, una equis, o cruz, cruza, valga la redundancia el escenario, creando, a la vez, proximidad y lejanía y, claro, gran profundidad de campo. La puesta se complementa con solo algunos elementos de utilería, los necesarios, (conservando el estilo minimalista), una pantalla cuadrangular que permite una perfecta visibilidad desde cualquier punto y en donde se reproducen, o enlazan las imágenes y los personajes que, de tal forma aparecen en escena gracias a sofisticadas tecnologías, pese a remitir(me) a la estética de aquellas películas futuristas apocalípticas, retrato de un mundo devastado por la violencia de absurdas, inútiles y estériles guerras, como la que actualmente se libra en nuestro país, y en cualquier país del mundo. La tetralogía, pese a que los dos últimos textos (Bosques y Cielos) no son del todo de nuestro agrado, conforman un póker de ases en nuestra nutrida y muy variada oferta teatral nacional.





Un sólido elenco acompaña al inquieto y sensible director: Pedro Mira, Antón Araiza, Violeta Sarmiento, Tomás Rojas y Miguel Romero en escena, y en video Andrés Torres Orozco y Alejandro Reza en esta última entrega del cuarteto, Cielos, surcados por letales bombas cuyo objetivo es destruir el arte y a quienes lo aprecian: 8 de los museos más importantes del mundo. Cielos atravesados por mezquinos intereses terroristas, no de células criminales ni de grupos extremistas, sino de novedosos grupos integrados por jóvenes que se manifiestan en contra de los sistemas establecidos. Enhorabuena al valioso Hugo Arrevillaga y al grupo que comanda: Tapioca Inn, y sobre todo a una funcionaria sensible y valiente, conocedora del arte, de la cultura y de las artes escénicas, sin cuyo incondicional apoyo este mega proyecto sería solo una utopía: Nina Serratos, al frente de la Secretaría de Cultura del Gobierno del distrito Federal, cargo interino que, esperamos sea el preámbulo de su estancia definitiva durante el inminente próximo sexenio.




Justo es menciona al equipo de creativos que han acompañado en esta aventura a este joven creador que nos ha proporcionado no solo esta tetralogía, acompañada de Pacamambo, sino mas de una decena de excelentes montajes al frente de su compañía Tapioca Inn: las escenógrafas Auda Caraza y Atenea Chávez; Ariel Cavalieri musicalizando e iluminando Roberto Paredes en tanto Lissete Barrios se ha encargado de vestir al numeroso elenco al igual que Mario Martín del Rio. Miguel Durán ha sido el diseñador gráfico, Rebeca Trejo, además de actuar en varias de las obras es la productora ejecutiva. En Cielos la creación del video es de Miguel Durán La colega y amiga Sandra Narváez ha hecho una excelente labor de difusión y Anabel Caballero, siempre amable y eficiente ha asistido a Hugo en la dirección de todas las puestas en escena, así como Pedro Mira es el único histrión participante en la tetralogía completa y en Pacamambo, por lo cual le mandamos un gran reconocimiento a su labor y nos manifestamos muy preocupados por su salud mental. Es factible que omitamos, involuntariamente a algún participante de este relevante proyecto, por lo cual solicitamos disculpas de antemano.





El teatro es de todos. ¡Asista!

Muy recomendable. Asista temprano porque los boletos se agotan.

Cielos. De Wajdi Mouawad

Dirección: Hugo Arrevillaga

Actuación: Pedro Mira, Antón Araiza, Violeta Sarmiento, Tomás Rojas, Miguel Romero, Andrés Torres Orozco y Alejandro Reza.

Teatro Benito Juárez, Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc. A un costado del Monumento a la Madre. Metrobus Reforma

Viernes 20 horas Sábados 19 horas Domingo 18 horas. Hasta el domingo 5 de agosto.

ADMISIÓN: $174.00, entrada general, con 50% de descuento para estudiantes, maestros, militares e INAPAM con credencial




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