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jueves, 2 de agosto de 2012

LA EXPULSION de José Ramón Enríquez


Un brazo peligroso que hay que desarticular.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

La Compañía de Jesús nació entre 1538 y 1541, en el momento en el que se estaba produciendo una profunda renovación de la espiritualidad. La Compañía apareció gracias a la iniciativa de Ignacio López de Loyola, controvertido personaje, difícil de clasificar, que se puede situar ideológicamente entre las inquietudes renacentistas y los rasgos propios de épocas anteriores.
Aunque en 1538 ya eran conocidos con la denominación de Compañía de Jesús, la institucionalización de la nueva orden se produjo dos años después, cuando Paulo III la aprobó. Desde un primer momento destacó por su carácter renacentista, también les distinguió el carácter misionero al servicio del papa. a quien le debían obediencia absoluta.


Desde el punto de vista económico, la orden estaba obligada a una pobreza estricta. Sólo las casas de estudio y las de formación de jóvenes podían tener rentas propias. Los profesos renunciaban a cualquier riqueza, y también a cualquier prelacía o cargo eclesiástico.
En 1615, el número de jesuitas alcanzó la cifra de 13.000, y estaban establecidos en Francia, Portugal, Flandes, Polonia, Italia, España y América. La Compañía se desarrollaba con gran rapidez.


Luis de Tavira, responsable de la puesta en escena de La expulsión, habla sobre las aportaciones de la Compañía en la Nueva España: Muchas cosas, y todas, esenciales. La Compañía de Jesús se dedicó, fundamentalmente a dos líneas de trabajo definitivas y decisivas para la historia de México: la educación y la creación de la organización educativa, es decir, los planes de estudio, el trabajo en los colegios, y de un modo muy particular en la universidad de México.
El otro enorme carisma de los jesuitas fue el de las misiones en las zonas indígenas y en las más apartadas de aquel vasto territorio, en mucho incógnito, sobre todo en el norte, la colonización, el asentamiento y la defensa de las culturas indígenas.

Pero tal vez uno de los aportes fundamentales, que justamente esta puesta en escena quiere celebrar es la formulación de la noción de México, es decir, aquello que da lugar a la identidad nacional. De pronto estos mexicanos religiosos, expulsados de su patria, suprimidos de su iglesia se agarraron de lo que sintieron mas propio, y era su condición de mexicanos, por ello emprendieron el camino de la construcción de un discurso histórico.
Clavijero viene a decirnos que antes de la llegada de los españoles existió una grandeza admirable que debemos conocer: la historia de los antiguos mexicanos. Es la conciencia de esta historia larga, compleja, turbulenta, la que da lugar a la formulación de la nación. Sin conciencia histórica no hay identidad nacional.
La Compañía de Jesús, tiene a mediados del siglo XVIII, muchos enemigos. Encabezan la lista la corona portuguesa y la Casa de Borbón, gobernante para entonces de la monarquía española. El poder concentrado del Papa comienza a ser una molestia para la mayoría de los gobernantes europeos y es la orden jesuita uno de los brazos más fieles de la iglesia católica romana. Un brazo peligroso que hay que desarticular.

En 1767, los jesuitas fueron acusados de servir a la curia romana en detrimento de las prerrogativas regias, de fomentar las doctrinas probabilistas, de simpatizar con la teoría del regicidio, de haber incentivado los motines de Esquilache un año antes y de defender el laxismo en sus Colegios y Universidades. El destierro que, de madrugada, les sorprendió en sus residencias, respondía a una importante maniobra política que venía gestándose desde que, en abril de 1766, se emprendiera la Pesquisa Secreta, creada con la excusa de descubrir a los culpables de los disturbios madrileños de marzo del mismo año, pero que pretendía, como auténtico objetivo, comprometer a la Compañía de Jesús en los alborotos populares que habían hecho huir de Madrid al monarca. Así, con una efectividad y un sigilo sin precedentes, en la madrugada del 2 de abril de 1767, Carlos III expulsó a todos los jesuitas que habitaban en sus dominios
Ahora explica el maestro de Tavira que se pierde con la expulsión de los jesuitas de territorio nacional: Muchísimo, fue un acontecimiento trágico que desencadena la guerra de los territorios americanos del imperio español. Evidentemente, era un conflicto fundamentalmente europeo, era un enfrentamiento entre las monarquías absolutas y las organizaciones internacionales, entre ellas, quizá la más significativa era la iglesia de Roma que confronta los intereses de las monarquías absolutas que buscan, a partir de esta corriente que se llamo el regalismo, la autonomía de las iglesias nacionales.
La Compañía de Jesús es una organización cristiana, religiosa, que depende directamente del Papa y que actúa con una enorme autonomía y agilidad, lo que viene a molestar muchísimo a los intereses de los borbones en concreto. Antes de la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles fue la expulsión de los portugueses, recordemos el conflicto en las misiones de Paraguay, estas reducciones indígenas, estas repúblicas, estas comunidades autónomas, creadas por los jesuitas para proteger a los indígenas de la esclavitud, de la explotación pero también de las enfermedades y de la corrupción que traía la voracidad de los conquistadores, todo esto chocó contra los intereses de la corona y desde la metrópoli se toma una decisión, en total ignorancia de lo que sucedía en los territorios americanos, de manera particular en México.

La expulsión de los jesuitas viene a acabar con el programa educativo. La educación de los jesuitas avanzaba de manera admirable en los territorios americanos, de una manera muy distinta a lo que sucedía en Europa en el conflicto entre ilustración y cristianismo. Son los jesuitas en México los que están propugnando la renovación científica, el nuevo discurso teológico, pero también la organización de la educación, una educación integradora para una nación propia, es decir, la recuperación de las lenguas indígenas, la recuperación de sus valores culturales, esto se perdió, también se abandona el norte del país, se abandonan las comunidades del norte remoto, esto, a la larga va a ocasionar la perdida de la mitad del territorio, nadie mas fue a sustituirlos a Arizona, a Texas, al norte profundo de California, que era a donde habían llegado los jesuitas. Se pierde también un discurso de apropiación cultural propia, justamente cuando son expulsados los jesuitas ha comenzado el descubrimiento de la antigua Tenochtitlán, que comienza a mostrarse y estudiarse con pasión en la Universidad de México, una vez expulsados los jesuitas de la universidad sus sucesores se aterrorizaron ante la posibilidad de enfrentar nuestro pasado prehispánico.
Se pierde la atención a las comunidades indígenas en buena medida, se pierde el esquema educativo, desde ahí venimos arrastrando problemas muy serios en la articulación de nuestros proyectos educativos para la construcción de la nación.
Pero se siembran muchas cosas que quedaron allí pendientes y que emplazaron al movimiento que va a culminar con la independencia.  Finalmente, solemos considerar este terrible acontecimiento de la expulsión de la Compañía de Jesús de la Nueva España como la causa primera de lo que devendrá en el movimiento insurgente, en la conciencia de los criollos en buena medida de la necesidad de independizarse de los abusos atrabiliarios del despotismo de la monarquía.

La Expulsión, de José Ramón Enríquez, presenta el episodio histórico de 1767 cuando el Rey Carlos III expulsa a la orden jesuita de las colonias españolas, una orden que se ha destacado a través de los siglos por su amplio ejercicio intelectual, una arraigada vocación pedagógica (fundando numerosos centros de enseñanza), poderío político y obediencia irrestricta al Papa.
Salvador Perches Galván. ¿Cómo surge el texto de La expulsión y cómo toma cuerpo en la puesta que usted dirige?
Luis de Tavira. Pensamos un grupo de amigos, llegadas las efemérides del bicentenario, que era importante reflexionar sobre lo que sucedió y abrir nuestra conciencia, nuestra memoria y nuestro conocimiento a esas zonas oscuras de nuestra historia. Los mexicanos tenemos una trágica propensión a la amnesia de nuestra propia historia, volver a la reflexión histórica de los acontecimientos que nos fundan son decisivos para enfrentar el incierto porvenir de la actualidad, y entre los acontecimientos que vimos más ignorados, más olvidados, más malentendidos está este de la expulsión, y el papel de este grupo de intelectuales y de promotores sociales que fueron los jesuitas.
Entonces nos propusimos aportar a la reflexión del bicentenario el recuerdo de estos acontecimientos para cuestionarnos sobre el papel que hoy en día ocupa la formulación de la nación, las preguntas sobre nuestra historia y por lo tanto, la necesidad de discutir el proyecto nacional. Pensamos que una obra de teatro sería importante, porque el teatro es importante, porque el teatro es el arte constructor de conciencia por excelencia, entonces encargamos a José Ramón Enríquez, nuestro dramaturgo, la composición de este poema épico sobre la expulsión, y el encuentra en esta historia a un personaje emblemático que nos guía para contarnos el acontecimiento desde un personaje, porque el teatro es creación de personajes y porque es comunicación e interlocución personal, a un jesuita zacatecano que era apenas un novicio en Tepotzotlán cuando viene la expulsión y le toca toda la odisea de la expulsión violenta, del exilio italiano y después le toca la supresión, le toca también el refugio de los jesuitas sobrevivientes en los territorios de Rusia, donde una emperatriz no católica decide acoger a los jesuitas para encargarles el proyecto cultural de la Rusia de entonces y de un emperador luterano, Federico el Grande de Prusia que los recogen porque sabe lo que valen, ahí sobrevivieron. Finalmente, los abusos de la monarquía borbónica van a culminar justamente preñados de las ideas de la ilustración en la Toma de la Bastilla en la revolución y en la guillotina que los decapita. Después vendrán las guerras napoleónicas y después la restauración, el nuevo orden mundial, el nuevo orden europeo, las independencias de América y la restauración de la Compañía de Jesús y su regreso. Nuestro personaje, que es básicamente histórico, es un jesuita que se fue siendo casi un niño y regresa del exilio ruso siendo ya un anciano para refundar el noviciado de los jesuitas en el México independiente, para sumarse a la construcción de este México independiente.

Enríquez y De Tavira ofrecen un espectáculo en donde se incluye música, danza, arte visual, y recitativos de poesía a partir de la vida de dos personajes importantes, Francisco Xavier Clavijero y el Padre José Ignacio.
Lejos de los tintes religiosos que pareciera tener esta obra, se resaltan las aportaciones humanistas y políticas de los jesuitas, las cuales fueron claves para el movimiento de Independencia y repercuten en lo somos actualmente.
Con prosas y cantos se expone esta confrontación ideológica entre jesuitas y las autoridades españolas, quienes decidieron expulsar a dicha comunidad de todos sus dominios en 1767 para que, seis años más tarde, el Papa decretara suprimir por completo a la Compañía de toda la urbe católica.


Las aportaciones científicas, educativas y artísticas de los jesuitas se refugiaron en los países europeos, donde iniciaron otra misión: construir la idea de la mexicanidad, hasta entonces desconocida por los habitantes del viejo continente.
Todo esto está perfectamente documentado en La expulsión, sin embargo, no es teatro documental, es un gran espectáculo que mucho dista de esta característica.
Luis de Tavira. Es un espectáculo épico, no es teatro documental ni didáctico, no estamos tratando de dar lecciones de historia, estamos tratando de seguir apasionadamente a un personaje al que le toca vivir estos acontecimientos que, sin duda, son enormemente complejos y nos atañen. A través de esta propuesta estética del teatro épico que es el de ser, a su vez, fiesta y síntesis de los lenguajes artísticos en la pluralidad espacio-temporal de esta aventura entrañable, cuestionadora, violenta, profunda, espiritual y nacional.

La travesía de los jesuitas es encabalgada por la movilidad del escenario, el cual sufre múltiples transformaciones que le permite transportar al público a diversos espacios del siglo XVIII: Desde las costas de Veracruz, hasta las cortes europea, en un montaje espectacular y fastuoso.
Luis de Tavira. Pienso que el arte surge de un aliento grande, de una aspiración ambiciosa que desafía los límites de la realidad para poder ser. Estoy convencido de que el teatro es la cúspide de las artes, pero que es también una necesidad urgente e indispensable de nuestra sociedad que merece todos los esfuerzos. Pienso que, se haga una obra de pequeño formato en un escenario modesto con pocos actores, o se haga un espectáculo épico con grandes repartos y grandes recursos, en todos los casos no puede hacerse el teatro si no pensamos en grande.
Una producción impecable, suntuosa, bajo la siempre atinada dirección del maestro De Tavira, con un sólido elenco dando voz al bien documentado texto del maestro Enríquez es lo que ofrece La expulsión, en una muy breve temporada.
Salvador Perches Galván. ¿Cómo se logra levantar este espectáculo?
Luis de Tavira. Fundamentalmente por un jesuita admirable, amigo muy querido y muy admirado por su talante emprendedor y convocador que es el padre Enrique González Torres, que ha estado detrás de este proyecto para conseguir a los colaboradores que ayuden a financiarlo y que no falten recursos ni ocasiones para que el teatro se celebre.



S. P. G. Esta es la tercera temporada de la obra, ¿por qué tan pocas funciones, en los tres casos, para un proyecto de tal magnitud?
L. de T. Por diversas razones, fundamentalmente porque se trata de la reunión de un elenco de actores independientes cuyos calendarios no son fáciles de concertar. Y también, es un proyecto privado que va tocando puertas en las instituciones para tener acceso a un espacio, a un teatro. Lo importante es que ha tenido un éxito enorme y una respuesta enorme en sus temporadas y en su gira en Guadalajara. Es otra manera de entender el teatro, no pensar solamente bajo los criterios cuantitativos, sino fundamentalmente los de la calidad de la experiencia y también el sostenernos en el esfuerzo, en el deseo de mantener vivo el espectáculo en un tiempo más largo que suele agotar en muy pocas funciones esas breves temporadas que caracterizan nuestras producciones.

S. P. G. A casi dos años de su estreno, ¿Cómo se siente en terrenos universitarios, que sin duda, son su casa?
L. de T. Creo que llega a su casa. Así como la Universidad fue un tiempo la casa de los jesuitas y la obra apasionada de los jesuitas, dar lugar en el teatro universitario a este espectáculo es un acto justiciero que dignifica tanto a aquellos cuya memoria celebramos, como al teatro universitario.


S. P. G. En tiempos tan complicado como los que ahora vivimos en México, ¿Qué aliento nos da la filosofía jesuita?
L. de T. Yo pienso que esta obra nos convoca a hacernos cargo de nuestro momento histórico de cara al porvenir. Y decir que nos alienta a hacernos cargo es que nos llama a la responsabilidad que implica el sabernos mexicanos, el saber que México no es un pasado inamovible, no es un proyecto acabado sino un proyecto en construcción. México está por ser todavía.
Y es posible también mostrar esto con esperanza, creo que el testimonio histórico de esta generación a la que este espectáculo se dedica nos muestra que hay razones para tener esperanza. Un teatro que muestra la realidad es, sin duda, un buen teatro. Un teatro que analiza las causas que pueden explicar, por qué la situación es como es y cuáles son las causas del sufrimiento de las mayorías, sin duda es mejor, pero todavía hay un teatro mejor: aquel que es capaz de mostrarnos que esa situación puede cambiar, porque al afirmar la posibilidad del cambio nos recupera la esperanza.

El teatro es de todos. ¡Asista!

Absolutamente recomendable.
La Expulsión. De José Ramón Enríquez
Dirección Luis De Tavira
La escenografía es de Jesús Hernández, la iluminación de Philippe Amand, el vestuario de Estela Fagoaga, la dirección musical y los arreglos son de Alberto Rosas, la coreografía de Marco Antonio Silva y el maquillaje de Amanda Schmelz.
Actuación: José Caballero, Miguel Flores, José María de Tavira/Pedro de Tavira Egurrola, Antonio Rojas, Miguel Cooper, Marina de Tavira/Patricia Ortiz, Nicolás Sotnikoff, Raúl Adalid, Octavio Michel, Eduardo McGregor, María González, Asur Zágada, Rodrigo Corea, Adrián Aguirre, Stefanie Weiss, Rafael Covarrubias, Evanivaldo Correa/Jorge Pérez Rosas, Álvaro Flores, Rubén Cristiani y Bárbara Pohlenz
CORO: Solista: Evanivaldo Correa/Jorge Pérez Rosas*, Hugo Jair Torres, Miguel Luna Tapia, Jasiel Gibrán González, Édgar Castillo Gamboa, Luis Alberto Pérez, Luis de León, Omar Nieto. * Alternan funciones
Miércoles, jueves, viernes y sábados/18:30 horas, y domingos18 horas, .del 4 al 12 de agosto
Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000). Metrobus Centro Cultural Universitario
Admisión de $150.00 descuento del 50% a estudiantes, maestros, UNAM, INAPAM, y jubilados del ISSSTE e IMSS con credencial vigente. Jueves $30.00.
Mayores informes consulte www.teatrounam.mx

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