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lunes, 24 de septiembre de 2012

EL REY SE MUERE, de Eugène Lonesco


Una de las metáforas más profundas e implacables sobre la muerte.

Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

 

Uno de los autores teatrales más emblemáticos del siglo XX, mordaz y sobre todo dotado de un gran sentido del humor, la obra de Eugène Lonesco refleja, su punto de vista pesimista respecto a la condición humana, la incapacidad para entendernos y lo ridículo de la existencia. Principal exponente del teatro del absurdo, creó situaciones escénicas sin lógica, en las que utilizaba un lenguaje sin sentido con el fin de resaltar el aislamiento y la extrañeza que sienten los seres humanos. Su éxito se basa en haber extendido sus técnicas dramáticas surrealistas al público teatral, habituado al realismo.


Nacido en Slatina, Rumania, el 26 de noviembre de 1909, de padre rumano, y madre francesa, Eugène Lonesco vivió de niño en París. Su padre regresó a Bucarest en 1916 cuando Rumania se incorporó a la primera guerra mundial, su esposa y sus dos hijos permanecieron en París. La salud de Eugene era frágil, su madre lo envió a vivir con una familia en el campo, donde permaneció de 1917 a 1919. En los escritos de Lonesco, este período queda registrado como el más pacífico y armonioso de su vida.



Volvió a Rumania en mayo de 1922, aprendió rumano, asistió a la Universidad en Bucarest y pasó el bachillerato en 1928, mismo año que comienza como poeta en Bilete de Papagal, un diario famoso por su formato minúsculo.

En 1934 una colección de artículos, notas y ensayos de protesta, de su autoría, provocaron un escándalo mayúsculo en el mundo literario rumano, por su devastador ataque subversivo, en un estilo animado y sarcástico, contra los valores establecidos de la literatura rumana. La colección recibió un premio de la casa editorial de las fundaciones reales, concedida por un jurado presidido por el crítico y el teórico literario Tudor Vianu.

Cuando la segunda guerra mundial fue declarada, trabajó como profesor francés en la escuela secundaria de Sfantul Sava en Bucarest. La situación en Rumania era tan mala que él quería volver a Francia y, después de muchos intentos fallidos, finalmente volvió con su esposa en mayo de 1942, gracias a amigos que les ayudaron a conseguir documentos. Tenían grandes dificultades financieras.

Durante 1945 se mudaron a París, la vida era difícil y el trabajo escaso en aquella época. A partir la 1945 tradujo trabajos de Urmoz (1883-1923), poeta rumano, precursor del surrealismo, de la literatura del absurdo y de la contra-prosa. Durante este período la familia de Lonesco recibió ayuda financiera de un pariente.
 
 

En 1948 Lonesco empieza a escribir teatro y es montado por primera vez en mayo de 1950 en el Des Noctambules de Theatre, bajo la dirección de Nicolas Bataille. Estaba lejos de ser un éxito. Solamente un reducido número de intelectuales lo apreció y apoyó. Ionesco se asoció al movimiento de Andre Breton, Luis Buñuel, Arturo Adamov y Mircea Eliade. Buscó y le fue concedida la ciudadanía francesa.

Autor marginal, representa sus obras en pequeñas salas del barrio latino, hasta que en los años cincuenta se da a conocer como uno de los principales escritores del teatro del absurdo, al lado de dramaturgos como Samuel Beckett o Fernando Arrabal. Ionesco escribió más de 30 obras. Ingresó como miembro de la Academia francesa por esta obra de 1962

La salud de Ionesco siempre fue delicada y en febrero de 1984 lo hospitalizaron permaneciendo en coma diabético por dos días. A pesar de esta crisis, más adelante, el mismo año, viajó y dio conferencias en varios países europeos y los Estados Unidos.
 
 

En febrero de 1989, Eugène Ionesco fue hospitalizado otra vez, lo que evitó que interviniera para defender los derechos humanos en Rumania. Su hija leyó su acusación contra el régimen rumano.

Ionesco era miembro del C.I.E.L. que milita para la observancia de derechos humanos en todos los países y para la libertad de científicos, de programas de escritura y de artistas.

Eugène Lonesco murió el 28 de Marzo 1994 en su residencia en París. Fue sepultado en el cementerio de Montparnasse.

Sus obras teatrales describen la ridícula y fútil existencia humana en un universo totalmente impredecible, en el cual, debido a sus innatas limitaciones, las personas son incapaces de comunicarse unas con otras. Su pesimismo forma parte de la base del teatro del absurdo, movimiento teatral que se lamenta de la falta de sentido de la condición humana. A pesar de las serias intenciones de Ionesco, sus obras rezuman humor y son ricas en situaciones cómicas. Movimiento de vanguardia, especialmente al introducir las obras en un sólo acto, los autores del teatro del absurdo utilizan técnicas tales como el ambiente sofocante y las situaciones ilógicas para enfatizar la extrañeza y la alienación humana.

El teatro del absurdo tiene fuertes rasgos existencialistas y cuestiona la sociedad y al hombre, a través del humor y la mitificación, la incoherencia, el disparate y lo ilógico son también rasgos muy representativos de estas obras.

El término absurdo proviene del uso de la misma palabra por los pensadores existencialistas como Albert Camus y Jean-Paul Sartre. Sus raíces pueden encontrarse en las obras de "moralidad alegórica" de la Edad Media y en los autos sacramentales (dramas religiosos alegóricos) de la España barroca, en la literatura del "no-sentido" de autores como Lewis Carroll, en las obras de ensueño de Strindberg y las novelas de James Joyce y Franz Kafka, en el drama grotesco de Alfred Jarry; y en las farsas de Georges Feydeau; obras que tuvieron como continuadores directos al movimiento dadaísta y al surrealismo de los años 1920 y 1930. Una de las fuentes teóricas más potentes del teatro del absurdo fue El teatro y su doble, (1938) de Antonin Artaud, creador del estilo del teatro de la crueldad.


Los autores de esta corriente comenzaron a aglutinarse bajo la etiqueta de lo absurdo como una forma de acuerdo frente a la ansiedad, lo salvaje y la duda ante un universo inexplicable y recayeron en la metáfora poética como un medio de proyectar sus más íntimos estados. Es por ello que las imágenes del teatro absurdo tienden a asumir la calidad de la fantasía, el sueño y la pesadilla, sin interesarle tanto la aparición de la realidad objetiva como la percepción emocional de la realidad interior del autor.

Lonesco ha sido un autor, en realidad, poco representado en nuestro país, probablemente porque sus textos exigen actores capaces de lidiar con largos y complejos parlamentos.


El rey se muere, la obra de Ionesco que concluye temporada este fin de semana en el Teatro El Galeón, es una de las metáforas dramáticas más profundas e implacables sobre la muerte que ha producido el teatro. Nos recuerda que igual que vinimos a este mundo, así también lo hemos de dejar. Y para eso ¿quién está preparado?


El fatuo rey (Clarissa Malheiros), monarca de una corte que se creía atemporal, a quien su médico informa que en una hora -al finalizar el espectáculo, se va a morir, asiste a los últimos momentos de su vida junto a su primera esposa, Margarita, mientras su segunda esposa, la reina María aparece ante él toda de luto. Ella sin embargo es optimista y decidida, haciendo de guía con el médico del futuro difunto, mientras que su otra esposa intenta suavizar su agonía, junto a la enfermera y un alabardero.
 
 

El rey muere es el relato de una muerte anunciada. Todos lo saben, pero él no quiere aceptarlo. Piensa que es una pesadilla y duda que ese momento esté cerca, por lo que no deja de dar órdenes con la soberbia de aquel que piensa que está al control de todo. Malheiros presenta al protagonista con una terrible angustia por continuar su existencia. A lo largo de la obra su personaje pasa de la rebeldía a la aceptación, y de la inquietud a la impotencia, mientras se prepara para una batalla perdida, ya que su muerte está escrita al final de la obra, por lo que no queda más que un “tremendo dolor por la propia desaparición”.

Esta obra habla de la naturaleza humana de una manera desveladora. Se le suele ver  como una representación de “la muerte de Dios”, aquí el Omnipotente, el Absoluto, ve morir su creación, deshacerse su reino y los campos, los hombres. No hay que olvidar que Ionesco tenía un enorme interés por la religión, que compartía con algunos de sus amigos y compatriotas en el exilio, como Cioran y Eliade.

El rey se muere es una alegoría sobre la soledad del ser humano enfrentado a este último trance. ¿Es la muerte entonces el fin para Ionesco?.

Berenguer ha convertido al otrora país poderoso en un imperio tristemente encogido, en ruinas y abandonado. La angustia existencial que le causa la proximidad de la muerte obliga a este Hombre-Rey-Dios a pedir ayuda al pueblo: solicitud que fracasa rotundamente y lo lleva a refugiarse en el auxilio de creencias más antiguas, como el sol y los muertos… aunque ni estos pueden salvarlo del hecho consumado.




Lonesco expone aquí toda su visión filosófica política acerca del hombre mortal convertido en autoridad máxima de cualquier sistema, y sus riesgos.

Una realidad que se agrieta y nos revela un reino en ruinas. Los personajes de la farsa se cruzan nuestras vidas y nos advierten: “Ya no tenemos tiempo de perder el tiempo. Se acabó. Nos quedan algunos instantes para hacer lo que habría debido hacerse durante años y años y años.” La actualidad del texto es sorpresiva. Demoler el edificio de protección y pactos sociales en el que ha descansado nuestra estabilidad política e individual implica abrir una caja de Pandora. Con humor y metafísica, Ionesco y La Maquina del teatro nos invitan a una ceremonia donde los espectros, las catástrofes y el poder bailan al ritmo de la impermanencia, es un espléndido montaje en escena emprendida por la dupla Juliana Faesler-Clarissa Malheiros, quienes logran una plástica puesta, con un sólido reparto y una atmósferas escénicas pocas veces vistas en  nuestro escenarios.


El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Muy recomendable.

 

El Rey se muere. De Eugene Ionesco

Dirección y espacio escénico: Juliana Faesler y Clarissa Malheiros

Actuación: Clarissa Malheiros, Natyeli Flores, María Sandoval, Roldan Ramírez, Pablo Chemor, Catalina Pereda.

Teatro El Galeón. Reforma y Campo Marte s/n Atrás del Auditorio. Metro Auditorio.

Funciones: Viernes 20 horas, Sábados 19:00 horas y domingos 18:00 horas
Concluye el 23 de septiembre con develación de placa.

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