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domingo, 16 de diciembre de 2012

Pedro Miguel Rozo, autor de Nuestras vidas privadas


¿Qué hay detrás de las buenas intenciones?
Texto y fotos: Salvador Perches Galván

Escrita por el colombiano Pedro Miguel Rozo, Nuestras vidas privadas se presenta todos los lunes en el Foro Shakespeare, el montaje llega a nuestro país gracias a Sebastián Sánchez Amunátegui, quien también se encarga de la dirección. 

La puesta en escena tiene una propuesta minimalista, en la que el blanco y negro predominan, la puesta en escena coloca todo su peso sobre el despliegue actoral de los actores Pablo Astiazarán, Miguel Conde, Bernardo Benítez, Leticia Cavazos, Carmen Ramos, Rodrigo Ramos y Marco Treviño.
Nuestras vidas privadas muestra una historia sobre una familia de clase media alta que se ve involucrada en un escándalo sexual, por un rumor de que el padre ha intentado abusar sexualmente del hijo de una de sus empleadas, motivo por el cual toda la familia conformada por el padre cabeza de familia, la madre abnegada que se comporta como si nada pasara, el joven gay y bipolar, el siquiatra aprovechado y hasta un hermano exitoso próximo a ser padre, se sumergen en la duda y la especulación.


En una visita relámpago a nuestro país para atestiguar la puesta en escena mexicana de su obra, tuvimos oportunidad de platicar con su autor, Pedro Miguel Rozo, esta es la conversación:

¿Cómo está la escena colombiana en este momento?

Yo creo que la escena colombiana está entrando en un momento muy interesante en donde está surgiendo mucho teatro nuevo, se está empezando a diversificar mucho. Antes, como en los 80’s, incluso arrancando los 90’s era un teatro muy centrado en lo político y se hizo una dramaturgia muy grande alrededor de eso, y ahorita, ya esta generación está replanteando las temáticas y los formatos.

Ahora hay mucha compañías que de clown, de stand up comedy, mucha compañía pequeña, olimpiadas de improvisación, musicales, se está empezando a abordar a diversificar la rama, danza, teatro, performance, se están empezando a generar distintas especialidades y se está abriendo muchísimo teatro de pequeño formato, dado que el problema, yo no se si lo tangan acá, de asistencia de público, entonces como respuesta a eso se están buscando espacios de pequeño formato, salas más pequeñas, espectáculos más íntimos y ahí está surgiendo una dramaturgia nueva también para este tipo de espacios y para este tipo de públicos.

¿Hay en Colombia una tradición teatral?

Tenemos una tradición teatral que empieza a nivel de la dirección escénica de una manera sistemática como en los años 70…

…muy joven…

…si, antes, claro que existe pero no tenemos un registro y una continuidad, entonces apenas ahorita los historiadores de teatro están empezando como a armar los pedazos de esta tradición que nosotros realmente no conocemos mucho todavía. Nuestra tradición empieza, más o menos, con el nuevo teatro, lo que se llama El nuevo teatro, que es el teatro de Santiago García Enrique Buenaventura, un teatro muy fundamentado en las bases de Bertholt Brecht, muy de corte político, muy del teatro empleado como herramienta de transformación social y como herramienta de denuncia social, ese es como el gran inicio, sobre todo del teatro de dramaturgia original, porque, paralelo a eso, claro que hay muchas compañías que están montando a los clásicos Shakespeare, Chejov, no sé qué, pero la dramaturgia colombiana, yo sí creo que surge desde lo político y desde las bases brechtianas que se trajeron allá y desembocan en esto que estoy contando, como en una diversidad cada vez más grande de formatos y de estilos.


En un género tan despreciado como lo es la televisión, a partir de ahí podemos darnos cuenta de la calidad histriónica que hay en tu país.

Sí, yo creo que la telenovela colombiana tuvo una historia interesante porque viene mucho de la literatura, o sea los comienzos de la televisión son adaptaciones de piezas literarias muy importantes de Mario Benedetti, de Mario Vargas Llosa, incluso de García Márquez, que se hacían mini serie y entonces los escritores empezaron a tomar mucho de allí y los actores vieja guardia empezaron a nacer también de este movimiento teatral que se estaba formando y ahí se lograron unos cimientos fuertes que incluso alcanzaron a permear la televisión a pesar de su formato comercial.

Abrevan muy bien porque incluso en un producto totalmente comercial, que fue un éxito mundial como Café con aroma de mujer, era francamente ejemplar, porque era la misma historia de siempre, pero ¡que manera de contarla!, que bien actuada, que bien dicha, que bien dialogada, en fin, he ahí el motivo de su merecidísimo éxito, queda de manifiesto la alta calidad que tienen los escritores, directores, actores, aunque las producciones se notaran con ciertas deficiencias.

Yo creo que en Colombia, a nivel latinoamericano, se ha mantenido, a pesar de todo, el nivel de exigencia que hay desde el productor hasta el directo, el actor y unos tiempos de producción que permiten también un nivel de calidad y un nivel de innovación, desde la manera de contarse las historias y eso nos ha permitido que el público sea más exigente también, no es solamente una cuestión de innovación sino también de que hay un público que ya no va a aceptar otra vez la misma historia contada de la misma manera, sino, tal vez, la misma historia contada de otra manera distinta, u otra historia diferente, pero ya es un público que no se contenta con el mismo formato de siempre y por lo tanto hay que buscar la forma de llegarlo y de sorprenderlo y eso ha hecho que los productores, escritores, actores, directores, se mantengan en total revaluación.


Entrando en materia, platícame de Nuestras vidas privadas, que trata un tema muy fuerte que habla de incesto, de pederastia, de falsa moral, hipocresía, ¿cómo surge?

Yo creo que Nuestras vidas privadas es una obra que habla, sobre todo, como todos esos temas están atravesados por uno en particular que es la duda. Como cuando hay un tabú tan fuerte como es la pedofilia, la duda se instala en la cabeza de una persona y se instala en el corazón de una familia y la destruye por completo, porque, a través de la duda es que salen a colación todos nuestros prejuicios. Todos, desde los más ruines hasta los más aceptados socialmente, salen a través de eso. Cuando yo no sé realmente qué pasó, cuando yo presumo que mi papá pudo haber abusado de un niño, de un menor de edad, o hasta de mi mismo, eso ¿qué implica?; entonces intentó abusar del niño, pero ¿será que lo hizo también en el pasado?, ¿será que lo hizo conmigo?, ¿será que lo hizo con mi hermano?, ¿será que lo hace siempre?, ¿será que…? Y empieza esa cadena de preguntas que no pueden tener respuesta porque no hay manera de estar seguros. No es tan fácil como preguntar ¿oye, tú abusaste de mi en mi infancia?, ¿Quién lo va a admitir? 

Justamente porque es un tema tabú, es un tema que siempre va a permanecer en el misterio y ese misterio es el que empieza a arruinar las vidas de estas personas, es el gran drama a través de eso, pero, además, como a través de esta duda empiezo yo a botar mi mezquindad al tratar de encontrar la herramienta más efectiva para resolver mi existencia. O sea, si yo no soy capaz de aceptarme como homosexual, fácil, entonces digo que mi papá me abuso cuando era niño y así me siento más tranquilo porque siento que no fue culpa mía el hecho de haber sido homosexual, porque no fui capaz de aceptar mi homosexualidad por mí mismo. Si la otra persona se siente frustrada es porque mi papá abuso de mí, es mostrar un poco como nuestros tabúes se utilizan de una manera manipuladora para también nosotros sentirnos conformes con nuestra forma de llevar la vida, porque no lo estamos naturalmente, porque nuestros preceptos morales no nos dejan, entonces necesitamos como un chivo expiatorio que nos permita hacerlo. De eso es que trata un poco la obra.



Has dicho la palabra clave de la obra: manipulación. Todos los personajes son manipulados y manipuladores.

Esa es otra cosa también muy importante, si hay víctimas, pero nadie es inocente. No me interesa hacer una historia sobre un pederasta monstruoso que llega a destruir nuestra sociedad, que es siempre como la manera de simplificar el problema. Yo vengo de un país, por ejemplo, de donde viene el asesino en serie más grande de la humanidad que es Garavito, que mató a 150 niños, los violó y estuvo mucho tiempo fuera de la cárcel y ahora tiene una condena de solo 15 años. Es una de los escándalos grandes que tiene Colombia, pero no es una cosa que surge solamente de simplificar el problema de decir: “este es el loco y el asesino y destruyámoslo”, sino ¿en qué sociedad surge una persona así? Y como no hay nadie que lo mire, no hay un padre de familia que haya denunciado, no hay un sistema judicial que haya procesado esto. O sea, empieza a darse uno cuenta de que el pervertido es simplemente la punta del iceberg de una sociedad en crisis, de una sociedad descompuesta por debajo y allá es donde yo quiero llegar, no quiero hablar del pederasta como el monstruo, sino del pederasta como el síntoma de una sociedad que está corrompida desde sus raíces.

Platícame de la trayectoria de la obra. 

La obra se estreno hace 4 años, si no estoy mal, en Colombia, la dirigí yo, esta obra fue antes el premio distrital de dramaturgia en Bogotá, entonces ahí tuvo su publicación y después de la publicación se hizo ese montaje. Después de ese montaje se hizo una versión para el Royal Curt Theatre de Londres allá se estrenó en enero del 2011 y tuvo una temporada de cinco semanas, esta es la tercera versión que se hace, en México.

¿Cómo vez la puesta en escena mexicana?

Yo creo que la puesta en escena mexicana, la sentí un poco como una mezcla entre la versión colombiana y la versión británica, porque la versión británica es muy sobria, en donde la línea narrativa es absolutamente realista, muy psicológica, muy cerebral. La de Colombia es muchísimo más absurda, más fársica, más delirante y yo creo que Sebastián Sánchez trata de llegar a un intermedio, en donde se mantiene la línea del relato, pero también renuncia al realismo y nos pone a los personajes casi estáticos todo el tiempo, una escenografía casi neutra, una falta de referentes realistas que hace que se vuelva un poco abstracta en ese sentido y que mantenga como un aire universal en la pieza, eso me pareció interesante, esa mezcla entre las dos propuestas.

¿Qué te parece el elenco mexicano?

Muy bien, me parece que es un elenco muy parejo, creo que todos los actores tienen herramientas de trabajo muy apropiadas para lo que está requiriendo Sebastián, una precisión en los textos, una fuerza actoral sin caer en el melodrama, sin caer en el chiste fácil, sino tratando de profundizar en las imágenes de los textos. Yo me sentí muy honrado por eso, porque sentí que el texto realmente es el epicentro de toda la pieza y que ellos están muy preocupados porque se entienda y llegue al publico antes que cualquier otra cosa, eso me gustó mucho.

Supongo que tienes más obra, además de Nuestras vidas privadas. 

Sí claro, tengo otras. Escribí una que se llama Purgatorio exprés, que fue una beca de creación Iberescena; escribí otra, recienmente publicada, que se llama Cadáver exquisito: otra que se llama Club suicida busca. Ya tengo varias obras en mi repertorio, pero todas como que giran alrededor de lo mismo que es esta cosa de la comedia negra, de los temas tabúes, de tratar de plantearle al público temas que él sabe que tal vez en otro medio no lo va a poder ver.



¿Esos textos también han sido montados?

Claro, yo también soy director y usualmente dirijo mis propios textos, casi siempre los llevo a escena, no todos pero si la mayoría de ellos. Y también tengo escritos por el lado de la televisión de telenovelas, paralelamente.
Nuestras vidas privadas, inevitablemente, me lleva a Festen, en cuanto a la pederastia, el incesto, la homosexualidad, el silencio, la complicidad, ¿estoy en un error?
Si es un referente muy importante, a mí esa película de Thomas Vinterberg me parece maravillosa. Yo creo que la diferencia básica es: de Festen, a enfrentar esto, era que en Festen hay una noción de justicia, al final hay una persona inocente que está denunciando a una persona culpable, aquí todos son culpables y todos son inocentes a la vez, esa era la mirada, tratar de coger eso pero volverlo un poco más complejo y tratar de evitar el melodrama simplista o maniqueista en donde hay unos buenos y hay unos malos sino donde todos tenemos un poco de todo.
Aquí todos se vuelven cómplices a partir de que van acomodando todos a sus propios intereses.
Exacto, cada quien va por lo suyo, no hay altruismo, no hay nadie que esté interesado en denunciar la verdad porque si. Si hay alguien interesado en hacerlo es porque por debajo, están sus propios intereses, que es también tratar de mostrarle esto al público, ¿Qué hay detrás de las buenas intenciones? De las aparentemente buenas intenciones para tratar de entender un poco como es de complejo el ser humano.
¿Cómo es que Nuestras vidas privadas aterriza en México, en un montaje por demás afortunado?
Fue una cosa realmente muy sencilla, nosotros estábamos en temporada de Nuestras vidas privadas en Colombia y de pura casualidad o de puro destino, estaba Sebastián Sánchez ahí, Sebastián vio la obra, me buscó al final de la función y me dijo, “quiero el libro, quiero leer el texto”, entonces le di el libro, los dos, el colombiano y el inglés, porque son dos versiones distintas, él la leyó y me habló a los 4 meses y me dijo “quiero ponerla”, entonces yo le dije, listo, hablemos y cuadremos y ahí empezó a trabajar.

¿La versión mexicana es igual en cuanto a texto, o hay adaptación?

Al igual que la puesta en escena, Sebastián hace un cruce entre la versión de la Royal Curt, que es un poco mas resumida, con la versión mía, toma elementos de la una y toma elementos de la otra y ya cuando él tiene esa versión me la manda, ahí tuvimos una pequeña charla, miremos este, saquemos este y sale una versión en particular y yo pienso que siempre es muy sano que el director tenga esa posibilidad de apropiación del texto, incluso cuando yo dirijo, yo mismo cambio mis propios textos, por la necesidad del escenario, por el casting, por todas las condiciones, o por mi propia apuesta de director, enfatizar más en esto o lo otro, es importante ese proceso de adaptación.
No me resta sino agradecerte y felicitarte, deseando que siga habiendo esta colaboración entre tú y México vía Sebastián Sánchez.

Sí, que bueno que se esté presentando dramaturgia colombiana acá en México, me parece muy bueno, y muy buena esa relación entre un director mexicano y un dramaturgo colombiano y que bueno que se siga dando este mestizaje entre nosotros, que los resultados agraden a todas las partes y que empecemos a dialogar a partir de nuestras propias estéticas, ¿Qué tiene la estética mexicana que aportarle a la colombiana? y viceversa, eso me parece super importante.




El teatro es de todos. ¡Asista!

Excelente. Absolutamente recomendable. 

Nuestras vidas privadas de: Pedro Miguel Rozo.
Dirección: Sebastián Sánchez Amunátegui
Actuación: Pablo Astiazarán, Miguel Conde, Bernardo Benítez o José Ramón Berganza, Leticia Cavazos, Carmen Ramos, Marco Treviño y Rodrigo Ramos.
Foro Shakespeare. Zamora 9 Col. Condesa.  Metro Chapultepec
Funciones: Último lunes, 17 de diciembre, reanuda posteriormente 20:30 horas.


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