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martes, 2 de abril de 2013

UNA ESPECIE DE ALASKA, de Harold Pinter Una vida no vivida.


Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

La encefalitis letárgica es una forma atípica de encefalitis que, por una epidemia entre 1917 y 1928 provocó millones de muertes en todo el mundo. Los que sobrevivieron quedaron en un estado de semi-inconsciencia del que algunos salieron a finales de los años sesenta por el tratamiento de Oliver Sacks con la droga L-DOPA que se usa para la enfermedad de Parkinson, pero la mejoría duro poco tiempo. La enfermedad fue descrita por primera vez por el neurólogo Constantin von Economo (1876-1931) en 1917. En casos agudos, los pacientes entraron en un estado comatoso (mutismo y akinesia). 
Nacido el 9 de julio de 1933 Oliver Wolf Sacks se graduó en el Queen's College de la Universidad de Oxford y se doctoró en neurología en la Universidad de California. Mudo su residencia a Nueva York en 1965. 

Sacks describe sus casos con poco detalle clínico, concentrándose en la experiencia fenomenológica (vivencia subjetiva) del paciente. Algunas de las alteraciones descritas son condiciones crónicas o alteraciones muy severas con deterioro significativo del funcionamiento del individuo, sin embargo, Sacks enfatiza cómo los pacientes realizan adaptaciones compensatorias que les permiten corregir o atenuar sus déficits en la vida cotidiana.








En su libro más conocido, Despertares (de uno de cuyos casos se hizo la película homónima), relata sus experiencias en el uso de una sustancia natural, la L-dopa, en pacientes afectados por la epidemia de encefalitis letárgica. Las obras de Sacks han sido traducidas a 21 idiomas.

Basada en la autobiografía del neurólogo Oliver Sacks, Despertares, película estadounidense dirigida por Penny Marshall estrenada en 1990, relata la historia real del descubrimiento, en 1969, de los efectos benéficos temporales de la L-dopa y su aplicación a pacientes catatónicos que sobrevivieron a la epidemia de encefalitis letárgica. En la película el neurólogo Oliver Sacks, encarnado por Robin Williams, entre sus diversas investigaciones, se familiariza con la nueva droga, que se utiliza para el tratamiento del Parkinson, y decide probarla con uno de sus pacientes, Leonard Lowe (Robert De Niro).


Tras muchos intentos fallidos, una noche Leonard despierta. Los problemas vuelven a aparecer cuando Leonard, nuevamente presenta los síntomas de la enfermedad.

La película obtuvo tres nominaciones a los Oscar, a mejor película, mejor actor principal (Robert De Niro), y mejor guion adaptado.

El eminente dramaturgo inglés Harold Pinter se inspiró en otro caso real que Saks narra en su libro Despertares. El resultado: Una especie de Alaska que fue estrenada en 1982 en el Teatro Cottesloe de Londres bajo la dirección de Peter Hall y con la interpretación de Judi Dench como Deborah.
Con este montaje vuelve a la cartelera de la Ciudad de México el dramaturgo inglés, inexplicablemente poco visitado por los teatreros locales, después de que el año pasado el Teatro Helénico dedicara al autor un ciclo que incluyó las puestas en escena de El Amante, Traición y A Celebration of Harold Pinter (espectáculo de John Malkovich y Julian Sands en honor del Premio Nobel de Literatura 2005). Y que actualmente también está en escenarios del INBA vía Viejos tiempos, dirigida por el argentino Rubén Szuchmacher.



Harold Pinter era el más furioso de los «angry young men» ingleses que pusieron la literatura anglosajona a todo lo alto en los años 50. 

Sus obras de teatro son alaridos de un hombre que se ahoga en la mediocridad, la hipocresía y la fatuidad de todas y cada una de las convenciones sociales que marcan nuestro comportamiento.
Dicen que la literatura se ha de escribir con los nervios, ni con el corazón, ni con la cabeza. Pinter tenía los nervios a flor de piel y generaban una electricidad fulgurante.

El hilo conductor de su dramaturgia es la memoria y tiene la precisión de lenguaje y el uso de los silencios que convirtieron al Premio Nobel en un clásico moderno. 

Una especie de Alaska, presenta el momento del retorno a la vida consciente de Deborah, una mujer afectada por la epidémica letárgica, tras 29 años de vivir en, “una especie de Alaska” mental, e intenta comprender su situación.  Ella tenía 16 años al caer en estado letárgico. Su hermana menor era una niña y ha dedicado esas casi tres décadas a cuidarla, con la ayuda de su actual marido, el doctor que la atendió, a enfrentar su proceso de recuperación.


José Caballero, responsable de la impecable e impactante puesta en escena, opina que al unir el teatro y la medicina, dos mundos aparentemente opuestos, el dramaturgo demuestra su genialidad al encontrar, tanto sus vínculos, como lo necesario para desarrollar una historia en que aparecen otros temas mucho más relacionados con la existencia del ser humano, con la vida misma y por tanto, universales”.

Pinter realiza una reflexión sobre la condición humana, la cual consideraba como el espectáculo más complejo y maravilloso de nuestro mundo. 

El proyecto encontró en el Círculo Teatral su mejor escenario, pues es un montaje que requiere un espacio y ambientes de intimidad para alcanzar los tonos y emociones que se conciben en esta historia, “no me imagino presentar esta obra ante más de cien o doscientas personas, sería un error”, opina Caballero.


El director y sus tres espléndidos intérpretes, Lucero Trejo, Verónica Merchant y Sergio Cataño, ofrecen intimidad entre actores y espectadores, ya que de otra manera se perderían los detalles de su interpretación, que requieren de mucha fuerza para ser convincentes. Una vida no vivida es lo que plantea, Una especie de Alaska, despertar y darse cuenta de que han pasado 30 años de su vida, es un planteamiento que confronta al espectador con muchas reflexiones.

La enorme Lucero Trejo, quien da vida en forma inmejorable a Deborah enfrenta una de las más importantes experiencias de su vida profesional, ya que su construcción le ha hecho despertar muchas emociones que pensó olvidadas en su repertorio interpretativo, incluso a nivel físico y sale adelante con creces ante tan reto histriónico. 

La dificultad de la puesta en escena de una premisa tan compleja fue resuelta por Caballero de forma brillante y, sin demeritar el trabajo de sus compañeros en escena, Lucero Trejo le da una veracidad a su interpretación que consigue mantener al espectador pegado a la butaca, logrando una de esas actuaciones que se quedan para la memoria.


En entrevista a Harold Pinter realizada en 2008, poco después de superar un cáncer, el autor habló sobre el enfrentar a la muerte como lo planteo en su poema Células cancerígenas.


Lo escribí cuando me estaba sometiendo a la quimioterapia, y en quimioterapia tú te sientas y una enfermera te pone una cosa en el brazo, una enfermera me dijo: "Las células cancerígenas son las que han olvidado cómo morir". Me impresionó tanto lo que dijo que cuando salí escribí el poema. No sabía si iba a morir o no, y ese poema, pienso, representa precisamente lo que sentía en ese momento. No tenía idea de lo que iba a suceder, pero tengo que decir que, como dice uno de los versos, "tengo que ver muerto mi tumor, un tumor que olvida morir pero tiene intención de matarme a cambio". De hecho, me alegra decir que he visto morir a mi tumor. Así que para mí todo se ha convertido en una especie de mal sueño. Ha sido como estar en un bosque bastante impenetrable, en el que literalmente los árboles impiden ver el bosque. Antes nunca había estado enfermo así que fue bastante extraordinario, a los 71 años, encontrarme de repente en el hospital enfrentado a un cáncer muy grave y a una operación importante. 

Es como si te lanzaran a un océano en el que no puedes nadar. 
Soy más consciente de la muerte. 



La obra de Harold Pinter abarca 30 dramas, 24 guiones, 57 ensayos, una novela y gran cantidad de artículos y poesía. No pudo asistir a recoger el Premio Nobel por enfermedad. Dos días antes del anuncio del Nobel se había caído en el aeropuerto de Dublín y “me rompí la cabeza”. 
El cine ha marcado también su trayectoria literaria, cuando en 1962 escribió el guión de El sirviente (Osos de Plata en el Festival de Berlín), dirigida por Joseph Losey. Después vino Accident y The Gobetween (Palma de oro del Festival de Cannes a la mejor película de 1971). La película que más ha divulgado su nombre es La amante del teniente francés (Oscar al mejor guión adaptado en 1981)

Oliver Sacks dijo que al conocer a los pacientes de la encefalitis letárgica sintió que estaba entrando en un matrimonio, en una relación que no se disolvería hasta que la muerte los separe.
Cuando llegué a Beth Abraham vi todas esas figuras paralizadas. Algunas habían estado así durante décadas. Y nuevamente, no sé qué es accidente o qué es inevitable, pero llegué ahí justo en el momento, o justo antes del momento en que una droga que nos ayudaría enormemente iba a estar disponible. El Leonard L. original cuando escuchó sobre la existencia de la dopamina, dijo: “Dopamina es una resurrectamina, y George C. Cotizias (el médico griego que la descubrió) es un Mesías químico”. Más tarde sentí que me quería quedar ahí con los pacientes. Había algunos individuos maravillosos. Yo nunca hubiera pensado que uno podría estar durante casi cuarenta años aislado del mundo, privado de una vida y aun así sobrevivir psíquicamente. Eran sobrevivientes y realmente la supervivencia es mi tema. La enfermedad parece serlo, pero en realidad es la supervivencia.


El teatro es de todos. ¡Asista!

Imprescindible. 

Una especie de Alaska. De: Harold Pinter.
Traducción y dirección: José Caballero. 
Actuación: Lucero Trejo, Verónica Merchand y Sergio Cataño. 
Círculo Teatral. Veracruz 107, colonia Condesa
Avenida Revolución 1500, colonia San Ángel Inn. Metro Barranca del Muerto
Viernes 20:30, sábados 19 y domingos 18 horas. 
Boletos  Entrada general $200.00, estudiantes $150.00.
Adolescentes y adultos.

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