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lunes, 24 de septiembre de 2012

EL PLAN AMERICANO, de Evelyne de la Cheneliere


“Cuando todos seamos culpables a eso lo llamaremos democracia”

Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

 

Evelyne de la Chenelière es una escritora y actriz, con domicilio en Montreal. Su dramaturgia ha sido producida por el Théâtre d'Aujourd'hui y por la Compañía Jean Duceppe. Es autora de varias piezas, incluyendo Fresas en enero, traducida en México como Fresas en invierno que dirigió en nuestro país el maestro Raúl Quintanilla, Desorden público, montada por Hugo Arrevillaga y Bashir Lashar, dirigida por Mahalat Sánchez con la inmejorable interpretación de Boris Schoemann.

Chenelière ha estudiado teatro en la Escuela Granvale-Michel en París, también ha creado en colaboración con otros autores, entre ellos Henri Margaux, Daniel Brière, Jean-Pierre Ronfard. De la Chenelière ganó el premio literario Gobernador General en 2006 con Desorden público.
 

 

Su obra está conformada por textos como: Después de cable (1999); Fresas en enero (1999);Culpa (2000); Toka (2000); Elucubraciones costureras (2001); Los periódicos de mi abuela (en Yanardagh) (2001); Bashir Lazhar (2002); Margaux y Henri (2002); Afrodita en 04 (2004); Nicht retorno, señorita (2004); Chinoiseries  (2005).

De su autoría, El Plan Americano es una acida y divertida parodia contemporánea que escudriña en la paradoja de que, el alto desarrollo de algunas economías mundiales no es garantía de la felicidad ideal, que en algún momento se planteó como el resultado natural de una estabilidad social y económica. Pareciera que cuando todo está dado, nada tiene sentido. A veces las noticias nos sorprenden, la violencia explícita y sobre explotada por los medios de comunicación ha tomado un papel preponderante: Asesinos seriales, asesinos masivos, terrorismo con resultados colectivos devastadores, asesinos adolescentes que masacran a sus compañeros, altos niveles de suicidio en países del primer mundo, modas extravagantes y superficiales, depresiones, soledad. Y atrás de todo eso, se asoma la idea de que tal vez la especie humana está negada para la felicidad.
 
 

El Plan Americano es una comedia con tintes fársicos de humor negro que habla de una familia, “Esa familia que a todos nos hubiera encantado tener, a la cual a todos nos hubiera gustador pertenecer” pero hay algo que no funciona muy bien en términos íntimos entre sus miembros.

La acción se desarrolla en Quebec, pero se puede encontrar en cualquier parte del mundo, habla sobre el sueño americano, el modelo de vida, ser como los gringos, eso es lo que vemos en esta familia, que logró tener “todo”, aún así es disfuncional.

Los hijos solo conocen el abandono y la violencia de la guerra, odian a todo el mundo y solo se aman entre ellos.

La relación del equipo creativo con de la Chenelière data de cuando Tapioca Inn montó Desorden público, el traductor Humberto Pérez le mostró su versión a nuestro idioma a Alejandra Chacón, a esta le encanto y se juntaron a montar El plan americano, ella convocó a un muy sólido y eficaz elenco: Mahalat Sánchez, también talentosa directora e Isaac Pérez Calzada, como los padres y Sara Pinet y Guillermo Villegas como sus vástagos.
 
 

El Plan Americano cuenta la historia de una familia privilegiada en Norteamérica, que  presume las virtudes de la familia acomodada, civilizada, liberal, amorosa, sensible, y consciente de su entorno, es decir, una familia políticamente correcta. El retrato perfecto del bienestar que genera el desarrollo social y económico, el anhelado “sueño americano”. Pero algo se pudre al interior de esa perfecta fachada: lo que no embona, lo permanentemente insatisfecho y lo que huye de ese ambiente “perfecto”.

¿Qué es? Una brecha se abre entre los cuatro personajes de esta obra: El padre, La madre, Ella -la hija-, y Él -el hijo-. Una familia de sujetos despersonalizados. Una brecha llena de aburrimiento, de sinsentido y abandono que termina por generar la falta de vínculos sólidos ante el vacío permanente.


El padre es un afamado, multipremiado fotógrafo de guerra, toma cuerpos calcinados, desmembrados perros comiendo cadáveres, viaja constantemente por el mundo. La madre, una mujer liberada, trabaja con los artistas vanguardistas del “jet-set” del momento y nunca está en casa. Los dos hijos están solos y deprimidos, son jóvenes apáticos que se niegan a crecer. Al parecer, la idea del “éxito productivo” de los padres los desvincula de lo primordial, rompe los lazos afectivos con sus hijos, y los arroja al aislamiento de una burbuja de confort.

A los niños los vemos pasar de la infancia, 8, 9 años, hasta los 24, 25 años de edad, a lo largo de la obra los vemos crecer. De pequeños sienten que vive en una familia segura y al crecer se dan cuenta que hay algo medio podrido: el abandono de los padre, el aparentar amor y que los hijos les resultan importantes, cuando, en la realidad cotidiana, alguien más los alimenta, los cuida, y van perdiendo piso. Hacen una lucha proanimal con los únicos seres por quienes sienten afecto, lucha que se vuelve muy enloquecida, la idea no es enloquecida, las acciones sí, porque es ahí donde centran todos sus objetivos hasta extremos cuasi terroristas: pretenden llenar los tinacos de sangre de puerco, quieren legalizar matrimonios con animales.

 
En el fondo, son buenas personas pero están muy enojados y confundidos.

 “Cuando todos seamos culpables a eso lo llamaremos democracia”, cita la dramaturga, en su obra, a Albert Camus; y plantea a una familia hiperconsciente de los horrores del mundo y  de la dominación que ha generado su riqueza a costa del empobreciemiento de otros pueblos, y que le genera una culpa de la que nadie se salva. Ante la guerra, el mundo privilegiado se torna vano y superficial. Lejos está la soledad gris de un individuo del primer mundo. El aislamiento, la depresión y la apatía son frivolidades insignificantes, y es entonces cuando el drama humano se torna relativo. A partir de esto la necesidad de los personajes para conectar con los aspectos íntimos de la vida, con la experiencia vivificadora, se convierte en una búsqueda frenética por experiencias extremas que terminan en un trágico asesinato.
 
Su joven pero experimentada y muy talentosa directora, también espléndida actriz, Alejandra Chacón, afirma que, en esta obra Evelyne de la Cheneliere se burla, con una fuerte dosis de humor negro, de los contrastes absurdos que genera el mundo en el que vivimos y de la insatisfacción imaginada como una cualidad perenne del hombre contemporáneo. Se trata de un texto ágil, que a través de  cuadros va desarrollando el deterioro que va sufriendo esta familia.
 
 
 

La puesta en escena de Chacón, corresponde y enriquece la agilidad propuesta por el texto, con lúdicas imágenes que da como resultado un montaje divertido, con un ritmo incesante, sin perder la parte reflexiva del texto, en esta aventura estética, con iluminación variada que crea bellas atmósferas, también tenemos música, coreografía e impecables interpretaciones de sus cuatro intérpretes.

 

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 

El Plan americano. De: Evelyne de la Chenelière.

Dirección: Alejandra Chacón.

Actuación: Mahalat Sánchez, Isaac Pérez Calzada, Sara Pinet y Guillermo Villegas.

Teatro Benito Juárez.

Funciones: Martes y Miércoles 20 horas, hasta el 16 de octubre.

 

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