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viernes, 28 de septiembre de 2012

OSKAR Y JACK, de Andrés Roemer


Ponerse en los zapatos del otro.

Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

 

Un estudio científico, el experimento Bouchard, logra que dos hermanos gemelos que fueron separados a muy corta edad, se vuelvan a encontrar después de cuatro décadas.

La historia, escrita por Andrés Roemer, ganador del premio “Emilio Carballido” por su obra El otro Einstein, sucede durante el invierno de 1979, en Berlín del Este. Es un hecho documentado sobre la vida de unos gemelos idénticos separados a los tres meses de vida y reunidos 46 años después en la casa de su madre. Uno de ellos: Oskar, fue criado como católico en la Alemania Hitleriana y se convirtió en miembro de las juventudes hitlerianas. El otro hijo: Jack, fue criado como judío en Trinidad y Tobago después emigró a Israel y se convirtió en oficial de la marina israelí, y colaboró en la formación del naciente Estado. El argumento podría parecer el de una melodramática telenovela, pero es real.



El periodista y dramaturgo mexicano Andrés Roemer ve maternizados años de estudios e investigaciones sobre el experimento Bouchard, con su más reciente obra Oskar y Jack.

La historia parte del experimento Bouchard, que planteaba reunir a gemelos separados en su infancia, a fin de identificar las características, cualidades y defectos que corresponden al origen genético.

Una historia real que por primera es retomada para hacer una puesta en escena en respuesta al interés del autor por el tema; cuando conoció la historia, inmediatamente pensó que esta había nacido para teatro por su enorme riqueza emocional.



Al retomar esta historia su autor se propuso alcanzar tres objetivos: el primero, reflexionar sobre la condición humana, que el público se cuestione qué es aquello que forma el carácter.

El segundo plantea un análisis de la ansiedad del estatus, ya que de manera implícita cuestiona qué somos y cuál es el propósito de la vida.

El tercero abordar la responsabilidad y la culpa de la vivencia nazi y el contexto alemán. Contraponer la responsabilidad individual contra la responsabilidad nacional de lo que implicó el nazismo.

El montaje pretende que los espectadores se cuestionen qué tan libres son los seres humanos y qué tanto influye la carga genética en cada persona; al final de cuentas, el libre albedrío es muy debatible.



La obra fue creada a partir de investigaciones y estudios a los que Roemer se ha dedicado desde hace 15 años estudiando sicología evolutiva. Para enriquecer las investigaciones que sustentan esta obra, entrevistó a Jack y algunos de los familiares de Oskar, quien ya había fallecido, también se entrevistó con Nancy Seagal, autora de un libro al respecto, lo que le ayudó a dar vida a los personajes de la puesta en escena.

Para, el también politólogo, el teatro tiene la función de empatía-emoción, por lo que el público puede tener una identificación con la obra y sus personajes, aunque los actores que interpretan a los gemelos no lo sean, verán su relación con la madre, con la hermana, como hijo, como padre, se podrán identificar.

La necesidad de pertenencia, las emociones, los dolores, la necesidad de ser amado, las relaciones sistémicas, los padres ausentes. Ponerse en los zapatos del otro y caminar un kilómetro; esa es la moraleja del texto, la obra surgió porque su autor lleva 15 años y se encontró con la necesidad de conocer sobre los genes y qué nos hace ser lo que somos.

El trabajo, inspirado en cuestionar qué somos, siendo la mejor manera de entenderlo es a través del estudio de gemelos idénticos. Roemer se preguntó sobre la condición humana del estatus, la ansiedad de saber quién se es en relación con el otro; cómo uno se siente apreciado y amado; la condición humana del libre albedrío, y qué tanto somos en nuestras circunstancias, en nuestros genes y qué tanto depende de nosotros la condición del carácter.
 


Para entender la naturaleza humana hay que entender nuestras formas sistémicas, lo que nos influye; por un lado están los genes, pero también nos influyen los sistemas en los que vivimos.

Una de las condicionantes humanas en el texto es el libre albedrío. Oskar y Jack son separados al nacer; uno estuvo en la fundación de Israel y el otro trabajó con Hitler. Se ven a la cara y se preguntan qué hubiera ocurrido si se hubieran invertido los papeles entre los hermanos. Todos tenemos que tener una voz en el sistema, todo es sistémico. Jugamos una voz en el sistema de nuestros amigos, de nuestra familia”.

Otra condicionante, es la necesidad biológica que dicta la necesidad de ser amado y cuando tienes un hermano gemelo es el mejor punto de referencia.

Otro punto tiene qué ver con la responsabilidad de un pueblo contra el de una nación. No es lo mismo la culpabilidad de una persona en un país genocida como la Alemania nazi, al de alguien que no fue criminal, aunque se haya quedado callado, o alguien que protegió y resistió… Por eso el juzgar al otro siempre es un juego perverso, peligroso, imperfecto y confabulado de proyecciones propias y fantasmas ajenos.
 
 

 

El responsable de la pulcra y efectiva puesta en escena, el maestro Raúl Quintanilla, la obra es una ficción que parte de una realidad que presenta muchas condicionantes, donde le conmovía profundamente el concepto de familia, cómo se desarrolla y lo que significa.

La obra destila humanidad pura que cuestiona, abre posibilidades y es un espejo de una cotidianidad que se puede compartir. Oskar y Jack es un texto doloroso e inquietante. Doloroso porque las relaciones intrafamiliares tienden al dolor en general e inquietante por la manera de abordar dichas relaciones.

Oskar y Jack habla en primera persona y el holocausto es un pretexto para referir cosas profundas de la sociedad mexicana, a los afectos de cada persona y en valorar lo que se tiene o no se tiene.

Cuatro grandes actores dan vida a los personajes de la obra: Silvia Mariscal, Carmen Delgado, Víctor Huggo Martín y Roberto Ríos “Raki” y logran un trabajo sólido y homogéneo, el maestro Quintanilla presta su voz al padre, responsable de la separación de los gemelos, en esta propositiva y reflexiva puesta en escena, que concluye temporada el 30 de septiembre.

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Muy recomendable.

 

Oskar y Jack. De: Andrés Roemer.

Dirección: Raúl Quintanilla.

Actuación: Silvia Mariscal, Carmen Delgado, Víctor Huggo Martín, Roberto Ríos Raki.

Músicos: Francisco Lledías, Victoria Forte.

Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, atrás del Auditorio Nacional.

Funciones: jueves y viernes 20 horas, Sábados 19 horas. y domingos 18 horas hasta el 30 de septiembre.

Localidades: $150.00 50% de descuento a estudiantes, maestros, afiliados al Inapam, Tarjetas Maestros a la Cultura y Sépalo. Jueves al Teatro todas las localidades a $30. Boleto Gente de Teatro 2 localidades a 45 pesos cada una. 75% de descuento a trabajadores del INBA. Adolescentes y adultos. Adolescentes y adultos

 

1 comentario:

  1. Excelente obra, excelentes actuaciones y la musica realmente hermosa!

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