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martes, 20 de noviembre de 2012

CARTAS DE AMOR A STALIN, de Juan Mayorga.


La historia nos ofrece situaciones extremas capaces de representar.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

"...la imposibilidad de poder escribir es como ser enterrado vivo" 
Mijaìl Bulgákov.

Doctorado en Filosofía en 1997, Juan Mayorga (Madrid, 1965) ha formado parte del consejo de redacción de la revista Primer Acto y del colectivo teatral El Astillero, ha impartido las materias de Dramaturgia, Historia del Pensamiento y Sociología en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Su carrera como autor arrancó en 1989 con Siete hombres buenos. Desde entonces ha publicado o estrenado piezas como: Más ceniza, El traductor de Blumemberg, Concierto fatal de la viuda Kolakowski, El sueño de Ginebra, El jardín quemado, La mala imagen, Legión, La piel, El crack, Angelus Novus, Cartas de amor a Stalin, La mujer de mi vida, Brgs, El Gordo y El Flaco, Hamelin, Últimas palabras de Copito de Nieve o Himmelweg (Camino del cielo)

Su primera obra publicada fue Siete hombres buenos, en1989, su primer estreno tuvo lugar en 1994 vía Más ceniza.
Hay una continuidad temática y formal en su trabajo, el autor y catedrático afirma que “La historia nos ofrece situaciones extremas capaces de representar, de forma especialmente intensa, experiencias humanas universales. En ese sentido miré hacia el pasado en Cartas de amor a Stalin, en El jardín quemado o en Camino del cielo”.



Cartas de amor a Stalin es una historia de amor en la que intervienen tres personajes: un hombre, una mujer y el diablo. Es una mediación sobre la necesidad que tiene el artista de ser amado por el poder, necesidad tan fuerte como la que el poder tiene de ser amado por el artista.

Es una fantasía basada en la terrible experiencia de Mijail Bulgákov, enorme escritor al que el stalinismo condenó al silencio. La acción transcurre en los años 30, cuando, desesperado por la censura absoluta que cae sobre su obra, Bulgákov se convierte en “escritor para un sólo lector”: escribe carta tras carta a Stalin reclamando, o su libertad como artista en la URSS, o su libertad para salir del país. Marginado por una sociedad ante la que se le presenta como traidor, solo sostenido por el aliento de su esposa, Bulgákov espera en vano la respuesta del gran camarada.
Hasta que un día recibe una llamada telefónica de alguien que se identifica como Stalin. Bulgákov no tiene ninguna duda al respecto: es Stalin quien le llama, quien se dirige a él respetuosamente, quien elogia su obra. Por desgracia la llamada se corta cuando el dictador está a punto de proponer a Bulgákov un encuentro cara a cara.



Aquella llamada interrumpida es la pequeña base sobre la que Bulgákov levanta una gran esperanza. Tanto como desea ser libre, el artista desea volver a oír la voz del tirano. Ambos deseos le llevan a escribir compulsivamente, a la búsqueda de la carta magistral capaz de conquistar a Stalin. Su deseo de encontrarse con él le arrastra muy lejos del mundo real, al que su esposa quiere mantenerlo unido. Por fin, en su enajenación, Bulgákov realiza su deseo: un Stalin fantasmagórico le visita. Pero la mujer no cederá al fantasma su lugar, sin lucha. Este texto, constituye la nota previa del autor a su obra.

El teatro dentro del teatro es parte esencial de esta historia en la que su protagonista, Mijail Bulgákov (1891-1940), imagina, y su esposa Bulgákova, representa a la realidad. Presente y ausente a la vez aparece la sombra de Stalin. La atmósfera asfixiante que envuelve tal delirio y simulación gira hasta enloquecer al dramaturgo, quien se resiste a vender su alma para salir del estado en el que se encuentra.

El escritor nacido en Kiev, Ucrania, médico y biógrafo de Molière, es autor de El maestro y Margarita, reconocida como novela suprema de la literatura rusa del siglo XX, escrita entre 1928 y 1940 y publicada hasta 1967 en una versión enmendada.
Para Guillermo Heras, director del montaje emprendido por la Compañía Nacional de Teatro, en el fondo de la situación que aborda la obra, está la postura ambivalente de los intelectuales hacia el poder, ya que a pesar de la disidencia que pueden mostrar, también necesitan de éste para sobrevivir y mantener su estatus. 


El texto, al que dio vida por primera vez el 8 de agosto de 1999 en el Teatro: María Guerrero de Madrid, posteriormente la montó en Portugal y Venezuela. El trabajo de Heras se ha nutrido de la interacción con los actores para reinventar el actual montaje, en vez de reproducirlo en cada ocasión. El montaje para México tiene diferencias respecto a lo realizado en aquellos países. 
Cartas de amor a Stalin es una obra sobre el poder confrontado en la experimentación de la mutua impotencia que nos lleva a fular la omnipotencia y divinización del poder. Pero esta teologización está ocurriendo en el interior del propio artista. La peor censura es la autocensura. La peor claudicación es la de la docilidad de los propios demonios. Esto es lo que nos cuenta la intimidad de esta obra, según palabras del titular de la CNT, Luis de Tavira. 

Juan Mayorga ha declarado que Cartas de amor a Stalin contiene buena parte de sus preocupaciones fundamentales, como escritor y como ciudadano. “Es, por tanto, una pieza muy significativa dentro de mi obra. En Cartas de amor a Stalin, Bulgákov comienza escribiendo cartas para reclamar su libertad como creador, pero acaba haciéndolo al dictado de Stalin, e incluso cede a éste la escritura de esas cartas. Hasta el final proclama su libertad, pero ¿quién escribe realmente sus palabras? Cada día yo me hago esa pregunta como escritor y también como ciudadano: ¿quién escribe mis palabras? Incluso en sociedades mucho menos herméticas que la estalinista la relación del escritor con el poder está cargada de contradicciones y de autoengaños, y una y otra vez aparecen fenómenos de censura más o menos sutil y de autocensura más o menos consciente”.



El juego del teatro dentro del teatro aparece en varias piezas de Mayorga, en particular, Cartas de amor a Stalin sucede que Bulgákova, al imitar a Stalin en un intento de ayudar a su esposo, está abriendo al tirano las puertas de su casa, lo que la separará de Bulgákov.

´´ ... escribir un libelo contra la revolución es imposible debido a su extraordinaria grandeza´´. Así se expresa Bulgàkov en una de sus cartas en 1930. Bulgákov tiene fe en su escritura. Cree que sus cartas pueden transformar el corazón del tirano y devolverle el lugar que merece en la sociedad. Esa fe -hasta cierto punto ingenua y narcisista- puede provocar rechazo, pero acaso también compasión, o reflexión. 

Con la elocuencia de sus voces y de sus cuerpos, Juan Carlos Remolina, extraordinario, cargando el peso de la obra sobre sus hombros, Gabriela Núñez y Luis Rábago (inmejorable Stalin) consiguen transportarnos a un domicilio de Moscú en que tiene lugar un pequeño pero muy significativo episodio de la historia política del siglo XX: el acoso sufrido por el gran escritor Mijail Bulgákov. Bulgákov, que no fue ni puesto ante un pelotón de fusilamiento ni enviado a un campo de concentración ni encarcelado, sufrió otra forma de violencia: la censura. La censura cortó el camino entre su obra y su pueblo. Esa interrupción dice más sobre el régimen que la provocó –incapaz de hacer suyas la inteligencia y la imaginación de hombres como Bulgákov- que toda la Enciclopedia Soviética. 



En 1929, Mijail Bulgakov era uno de los brillantes escritores rusos que, sin decreto ni orden explícita, fueron perseguidos y silenciados por el régimen presidido por José Stalin. El premier soviético, a pesar de ser un confeso admirador personal de la obra del escritor, jamás dio respuesta a los repetidos y desesperados reclamos epistolares que le enviara Bulgakov exigiendo y hasta suplicando por libertad de expresión y oportunidades de trabajo. La obra de Bulgakov, y él mismo, desaparecieron de la vida pública sin explicaciones. Cartas de amor a Stalin lleva al escenario el caer trágico que envolvió al escritor y a su esposa a partir de un dudoso y trunco llamado telefónico que le habría hecho el dictador. Los sucesos dramatizados en la obra, partiendo de tales hechos de la historia, universalizan el conflicto y provocan reflexiones sobre las consecuencias del abuso del poder y los crímenes de que es capaz la mediocridad y la ignorancia, bajo cualquier sistema político y en cualquier situación social, revolucionaria o complaciente. 

Los histriones, quienes forman parte del elenco estable de la compañía Nacional de Teatro, ponen ante nosotros otro drama, más próximo: el de un ser humano que espera una llamada. Quizá su propio drama, porque ¿quién no ha vivido alguna vez a la espera de una llamada? 

El teatro es de todos. ¡Asista!

Recomendable. 

Cartas de amor a Stalin. De: Juan Mayorga.
Dirección: de Guillermo Heras.
Actuación: Juan Carlos Remolina, Luis Rábago y Gabriela Núñez.
Teatro Casa de la Paz, Cozumel 33, Colonia Roma. Metro Sevilla
Funciones: Miércoles, jueves y viernes 20 horas, sábados 19 horas y domingos 18 horas. Ultimo fin de semana, concluye el 18 de Noviembre.
Localidades: $150.00 general. Descuento del 50 % a estudiantes, INAPAM y vecinos de las colonias Condesa, Juárez y Roma.


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