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sábado, 6 de abril de 2013

SEDIENTOS, de Wajdi Mouawad


El teatro es el espacio de lo vivo frente a lo vivo.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

“El artista es un escarabajo que encuentra, en los mismos excrementos de la sociedad, los alimentos necesarios para producir obras que fascinan y convulsionan a sus semejantes.” 
Wajdi Mouawad

Wajdi Mouawad reivindica la importancia del teatro porque, para él, es el único espacio en el que la palabra no ha perdido su valor sagrado, "en el que no se utiliza para convencer a alguien, para hacer creer en algo, o para persuadir de votar por alguien o de comprar algo”. Por ello anima a ser solidarios entre artistas, "para evitar que el poder frene la potencia del arte".

Lejos de educar con respuestas, asegura que el teatro y el arte deben incendiar al ser humano con preguntas. "El teatro es el espacio de lo vivo frente a lo vivo; donde se reúnen personas de una misma época para compartir experiencias". "¿Cuál es la metáfora que nos habita? ¿Dónde se genera? ¿Y quién tiene la llave de nuestra poesía?". Explica cómo canalizar el dolor a través de la palabra y crear a través de ello poesía.



El dramaturgo cuenta que su vocación para dedicarse al teatro se la debe al director de su instituto, quien le motivó a perseguir su sueño. “Encontré una razón para levantarme de la cama todos los días: hacer teatro". 

Consciente del horror que narra en sus obras teatrales, Mouawad explica que no habla de momentos desgarradores solo por haber presenciado la guerra del Líbano cuando era niño: “No siento la necesidad de expresar mi historia, de contar cosas para mí. Intento contar lo que veo, lo que le pasa a la gente”. “No sé si fue mi edad la que me protegió de la barbarie. Quizás, si hubiese tenido 10 años más (tenía 14 cuando la masacre de Sabra y Chatila tras el asesinato de Bashir Gemayel)… No sé si hubiese participado, porque Gemayel era una figura casi endiosada para su pueblo.

“Transmito la voz de quien no puede hablar buscando un sentimiento de solidaridad entre el público; que lo vea y diga: 'yo también lo siento así”.

Más que autor, por momentos Mouawad se convierte en filósofo recordando con sus palabras que el siglo XX ha sido la época de las guerras, del horror, en la que el ser humano ha mostrado su lado más oscuro. “Nuestra generación lleva escrito en sus carnes la desilusión y la falta de inocencia”  dice tras enumerar al menos 20 conflictos desde la I Guerra Mundial.

“Nunca escribo una obra partiendo de un tema específico. Escribo a diario pero no busco situaciones, ellas me encuentran. Sí, podría hacer una obra que tratara sobre los bancos o la crisis… pero para ello la historia tiene que encontrarme".

Mouawad escribe a pie de escenario, con sus actores arriba: les pregunta qué les gustaría hacer, y lo incorpora. Ensaya diez meses, en los que el texto se va cociendo a fuego lento. Maneja al dedillo recursos narrativos novedosos: en una sola escena mezcla épocas y lugares, y desdobla un personaje en edades diferentes. En Litoral, Wilfrid, por ejemplo, está a la vez en una oficina, en el semefo y en una tienda, hablando con un empleado en cada sitio. Y su madre, muerta, conversa simultáneamente con su marido cuando era joven, cuando estaba en la edad madura y ahora que es un cadáver. Lo que otro haría en tres escenas, Mouawad lo resuelve en una. Ante su manejo del tiempo, el flash back es un recurso obsoleto. Su teatro supera al cine en flexibilidad narrativa.


Tras sus primeras experiencias en el teatro, en las que el dramaturgo manifestó haber sentido “emociones extraordinarias” y que “el centro del universo era una pequeña sala de teatro”, inició un proceso “muy lento y muy largo”, de unos quince años, hasta que se dio cuenta de cuál era su oficio verdadero. “Nunca he pensado que fuera un artista. Solo finjo serlo”.

El autor relaciona su propia vivencia de crímenes, asesinatos, despojo y exilio, con los antiguos mitos. La violencia del presente parece ser la repetición de un ciclo surgido en un pasado maldito. No hay crímenes nuevos, sino una reactualización de los viejos, que son siempre los mismos.
La humanidad no cambia, los delitos son los mismos: las violaciones, los raptos, los asesinatos, las traiciones se repiten hasta la náusea. 

Los errores de los padres son pagados por los hijos, los actos de un hombre condenan a toda su estirpe. 

NORUEGA:
Cuando la infancia llega a su fin
Se queda para siempre atrapada en la oscuridad
Y yo, yo quiero la belleza
Yo elijo la belleza
Por mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo…

El dramaturgo se ha convertido en un referente para el director escénico Hugo Arrevillaga, quien ha llevado al teatro mexicano la tetralogía La sangre de las promesas del autor libanés, conformada por las obras Litoral, Incendios, Bosques y Cielos. También de Mouawad ha montado Pacamambo, Willy Protágoras encerrado en el baño y las obras cortas Cuchillo  y Un obús en el corazón, y fue director residente de Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente, montada por la Compañía Nacional de Teatro.

Sedientos es una pieza contemporánea que contiene mucho amor, mucha rebeldía, muchas palabras, muerte y mucha lágrima. Es una historia muy potente que Hugo Arrevillaga ha llevado a escena con un ritmo asombroso y el sello de su personal estilo, una poética sobriedad que ha desplegado con sensibilidad y sapiencia profunda del autor, sin duda, su favorito.
¿Para qué levantarse por la mañana, bañarse, desayunar y salir de casa? ¿Para qué?, si al día siguiente habrá que hacer exactamente lo mismo, y al siguiente y al siguiente y al siguiente y al siguiente y así por muchos años hasta que algo detenga la carrera de nuestra vida y seamos sepultados al lado de todos los sueños no cumplidos. Reflexiona el talentoso e hiperactivo director luego de enfrentarse al poderoso texto de Mouawad, reflexión que nos incumbe, que nos atañe a todos los seres humanos.


BOON: Me llamo José Luis Boreal Ontúñez, Boon. Soy antropólogo forense.
¿Por qué escogí esta carrera? Buena pregunta. Cuando yo tenía su edad, era del tipo de jóvenes que no tienen los pies en la tierra; como quien dice, me la pasaba soñando…Mis amigos me decían que yo me creía poeta y la verdad, cada que me decían eso, me deprimía. No es muy agradable que te digan eso cuando eres muy joven… Pero al final de cuentas, me volví antropólogo forense, y en lugar de dedicarme a hacer visible lo que no existe, me dedico a hacer visible lo que ya no existe. Es una cosa insignificante, pero esa insignificancia puede cambiar el curso de toda una vida… La prueba, frente a ustedes: Yo….
A veces, pienso que yo escogí esta carrera sólo para estar tranquilo: un muerto no molesta a nadie.  Pero pensándolo bien, creo que yo no escogí nada, tengo la impresión de que dejé que los demás escogieran por mí. 

A veces el sentido de la vida está en una pregunta, una sola que nos haga decidir a tiempo lo que queremos hacer con el resto de nuestros días para ser felices: ¿Qué es aquello a lo que realmente deseo dedicar mi vida entera?
En esta obra, Wajdi Mouawad lanza de frente esta pregunta a partir de las historias de Boon, Murdoch y Noruega. Tres historias que confluyen en una, en un solo deseo: No renunciar jamás a tus sueños.

MURDOCH: Cada que me encuentro con un amigo de mi papá o de mi mamá, me preguntan: “¿Cómo va la escuela?” ¡A la chingada! ¿Qué no hay otras cosas además de la escuela?  ¡Estoy convencido de que como ellos no saben qué decirle a alguien joven y porque creen que “es bueno entablar conversaciones con los jóvenes”, no encuentran nada mejor que hacer, que hablar de ese tema tan original que es la pinche escuela! “Y, ¿cómo va la escuela?”,  “Bien gracias, y, ¿cómo va tu neurosis de adulto?” ¡Chingados! 
Y no me callaré, tengo derecho a hablar, a expresarme, a decir cosas, ¡articularlas y decirlas!  ¡Es mi derecho!  ¡Me llamo Silvio Murdoch y hablar es uno de mis derechos!  ¡Siento que el futuro es mi tumba!  No me callaré, ¡todavía tengo muchas cosas que decir y expresar! 

Sedientos, una historia que alienta a buscar nuestro lugar en el mundo 
¿Cómo vivir plenamente si le damos la espalda a la belleza? ¿Cuáles han sido nuestros sueños?, ¿cuántas veces hemos renunciado a ellos? 
Estas son algunas de las interrogantes que plantea Mouawad en Sedientos, quien nuevamente llega a la escena teatral mexicana de la mano del reconocido Hugo Arrevillaga.

MURDOCH:¿Cómo explica usted que esta mañana, observando mi mochila, tuve la impresión de que mi mochila tenía más esperanzas que yo? ¿Cómo me puede explicar que mientras más crezco, menos tengo la sensación de estar vivo?  ¿Señor, que quiere decir eso, estar vivo?

Es así como las vidas de Boon, Murdoch y Noruega, confluyen y se enfrentan para hablar de sueños de juventud que hacía tiempo se creían muertos y enterrados. 
Hugo Arrevillaga apuesta por un montaje más histriónico que visual en el que los actores Miguel Romero, ya de vasta experiencia, y los muy jóvenes Andrés Torres Orozco y Pamela Almanza ofecen brillantes interpretaciones.
Al refrendar su esplendida capacidad para dirigir actores, Arrevillaga opina: “Creo que mi trabajo es a partir de la profundización del actor y detonar la mayor cantidad de imágenes en él, para que pueda proveer al espectador de estas imágenes”.


BOON: Hace poco más de un año, recibí una llamada para ir a la orilla del Lago San Lorenzo.  Un buzo acababa de encontrar, al fondo del agua, dos cadáveres que debido al tiempo que llevaban unidos, se habían fundido uno con el otro.
Ese día, más exactamente, esa noche del miércoles 6 de febrero de 1991, día de San Gastón, Silvio Murdoch desapareció.
Cuando se levantó, por la mañana, empezó a hablar sin parar y continuó así hasta su desaparición. ¡Fue imposible callarlo! Y a ese joven fue a quien reencontré quince años después. 

Boon, es testigo de un extraño descubrimiento que hace tambalear su vida y sus convicciones. Gracias a su hallazgo y a través de la historia de dos adolescentes: Murdoch y Noruega, un personaje afligido y de una gran vulnerabilidad; Boon se encuentra no solo con la identidad de estos jóvenes, sino también con sus propios recuerdos y sueños, que hacía ya muchos años creía muertos y enterrados. Por diversas circunstancias de la vida se ve en la necesidad de matar el sueño profundo y vocación que tiene desde niño de ser escritor y que por alguna circunstancia en la vida, toma la decisión de dejar de escribir para siempre a muy corta edad. Los tres personajes presentan situaciones que sorprenden al espectador en un montaje que rompe barreras entre realidad y ficción. Sedientos, la novena creación de Hugo Arrevillaga en torno a Mouawad, nos hace escuchar un discurso singular, lúcido y comprometido en el que hay cabida para lo dramático y lo cómico, y en el que la fuerza de vivir triunfa sobre la inercia.
Tres historias que confluyen en una, en un solo deseo: no renunciar jamás a los sueños, se trata de una de las obras que el dramaturgo libanés escribió con la colaboración de Benoît Vermeulen para un público joven y en la que presenta una especie de provocación a los jóvenes en general.



MURDOCH: Estoy seguro que el suicidio no es una solución pero entonces ¿cuál es la solución?  Digo suicidio, pero lo digo así como así, no es que lo tenga planeado, no he pensado en un horario preciso ni en un puente o en el metro, pero por lo menos sé que es una solución.

El montaje, es una obra hermosa que hace énfasis en el conflicto de identidad entre los jóvenes. Sedientos se trata de un grito de rabia porque alguien a sus 18 años se enfrenta a la sociedad en general y les dice dónde está la belleza, qué es la belleza y cuál el sentido y misterio de nuestra existencia.
La obra apela a detenerse en el camino y por un momento, reflexionar si realmente aquello que hacemos es lo que hemos soñado hacer.
El Miércoles 29 de septiembre de 2010 en el ciclo de dramaturgia para niños y jóvenes de la Feria del Libro Teatral que organiza el INBA se llevó a cabo la lectura dramatizada de la obra con las actuaciones de Guillermo Villegas, Miguel Romero y Sonia Franco en el Teatro El Galeón, dirigida por Arrevillaga.
Con la excelente traducción de Humberto Pérez Mortera y con dirección y tratamiento de Hugo Arrevillaga Serrano, y la participación de su equipo de base: Auda Caraza y Atenea Chávez creadoras de la austera pero muy eficaz escenografía; Roberto Paredes en la iluminación; el vestuario de Lissete Brrios, la música original de Ariel Cavalieri, la difusión de Sandra Narváez, entro otros, sólido equipo bajo la batuta de Hugo Arrevillaga, que brinda otra maravillosa experiencia teatral.

NORUEGA: Murdoch me abrazó y no me soltó hasta que llegamos al río. Estaba sediento. ¡Me hablaba sin parar!  Decía: “Noruega, tú y yo, estamos sedientos, ven, vamos al gran lago que está congelado.” Se puso sus patines y empezó a patinar, repitiendo una y otra vez: “¡Respira, respira, Noruega!”. Nos aferramos, uno al otro, como si el corazón de uno estuviera en el del otro: personaje real, personaje ficticio.


El teatro es de todos. ¡Asista!

Absolutamente imprescindible. Deje todo y corre a verla

Sedientos. De: Wajdi Mouawad.
Dirección: Hugo Arrevillaga. 
Actuación: Miguel Romero, Andrés Torres Orozco y Pamela Almanza. 
Teatro La Capilla. Madrid 13, Coyoacán
Viernes 17:00 hrs; $50 pesos Sábados 19:00 hrs; $120 pesos ($80 con credencial de estudiante, maestro e INAPAM). Hasta el 4 de mayo.
Adolescentes y adultos.

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