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lunes, 13 de mayo de 2013

LA DEMORA, de Rodrigo Plá


Imperfectamente humanos.
Salvador Perches Galván

La demora habla sobre la llegada de la vejez y como esta impacta en el núcleo familiar, una hija, madre a su vez de tres hijos pequeños, madre soltera que cuida de ellos y de su padre anciano que está perdiendo la memoria y como esta relación empieza a entrar en crisis. La demora fue distinguida con el premio ecuménico del jurado en la Berlinale 2012, platicamos con Rodrigo Plá, su director y con el octagenario actor debutante Carlos Vallarino sobre esta impactante cinta que se estrenó el día de la madre.

Salvador Perches Galván.- Rodrigo, La demora te lleva a un reencuentro con tu tierra natal Uruguay, una historia que se puede encontrar y se puede narrar en cualquier parte del mundo.

Rodrigo Plá.- Si, sin lugar a dudas, tan es así que la anécdota surge de una nota de periódico que leyó mi mujer aquí en México, o sea que en realidad era algo que estaba sucediendo aquí y que lo trasladamos al Uruguay, sin embargo sentíamos que estaba bien ubicarla allá porque Uruguay tiene un clima más extremo, o sea, cuando es invierno hace bastante más frío, lo cual para este hombre veterano que queda abandonado en una plaza vuelve más dramática la situación, en la medida que hace más frío corre más riesgo por estar a la intemperie, cosa que aquí no sucedía. Y por otro lado, creo que las mismas dimensiones de la ciudad se prestaban para que sucediera esta historia, a final de cuentas este hombre queda solo en la plaza y vemos una serie de vecinos que se preocupan por él, se acercan a ver qué sucede, etcétera, y creo que eso se da en un lugar más pequeño, donde todavía el otro interesa.



S. P. G. ¿Cómo logras provocar esa angustia, porque en ningún momento el espectador acusa a la hija, aunque está cometiendo un acto terrible, uno puede entenderla igual que entiende al viejo?
R. P. Siempre nos hemos esforzado con Laura Santullo para que nuestros personajes no sean gente buena ni mala, sino gente que se equivoca, que muestra torpezas emocionales y llega a tomar malas decisiones, pero son eso, son imperfectamente humanos, como decimos a veces. Creo que nos hemos esforzado con Laura en escoger personajes que se encuentran cercanos al medio, no nos gusta llevarlos a los extremos, si los hubiéramos ubicado, por ejemplo, en una pobreza extrema, abandonar al padre sería una cuestión de sobrevivencia donde ella no tendría otra alternativa, sin embargo al ubicarla un poco más arriba, en realidad es una familia digna que ella se ve sobrepasada por su propia situación, pero no son los más pobres, están en una franja intermedia, entonces su elección, este acto de locura que tiene ella se vuelve más complejo, es un dilema ético porque ella tiene la posibilidad de escoger y escoge mal.

S. P. G. Esa mala elección la encubre con otra subsecuente que es la que la lleva a tomar conciencia y repara el daño y ahí vemos la parte profundamente humana de estos personajes.
R. P. Yo creo que lo que se ve, lo que se deja ver es el amor que existe al interior de esa familia, son personajes que se quieren mucho, sin embargo en un punto determinado hacen crisis y creo que eso es algo que lo vuelve cercano a todos porque, justamente, nos podemos ubicar en su lugar, nos podemos poner en sus zapatos. Yo tengo hijos pequeños, ¿quién no tiene un momento de explosión donde dices: ya, abandono, me retiro, me rindo?. Sin embargo vas de regreso y lo intentas, creo que justamente eso lo vuelve más cercano. 

S. P. G. Carlos, tu actor principal, comentó que tú eres un muy hábil titiritero que manipula con pericia los hilos para mover a sus títeres, que, son materia sensible y dúctil y no de palo, ¿cómo haces para mover esas fibras sensibles en tus intérpretes?

R. P. En este caso teníamos un proyecto bastante acotado, son pocos personajes y pocas locaciones, pero es una película que requería que justamente estos dos personajes principales estuvieran impecables porque la película recae sobre sus hombros, queríamos contar la historia a través de ellos, queríamos vivir la situación a través de ellos y sabíamos que iban a estar todo el tiempo a cámara, entonces requería un trabajo depurado y fino con los actores y por lo mismo que era acotado, tuve la oportunidad de hacerlo, hicimos muchos procesos, por un lado contaba con el cuento de Laura, el cuento original en el que se basa la película y que adaptamos al cine, son dos monólogos contados en primera persona, la voz del padre y la voz de la hija y eso, para empezar, nos ayudo a que ellos se acercaran a lo que están sintiendo y pensando cada uno de los personajes que interpretarían después, el cuento de Laura sirvió como una análisis de personajes. Después empezamos a montar las escenas y trabajamos también muchas improvisaciones, cosa que también distendía un poco el ambiente, Carlos tenía algunas dificultades para recordar los diálogos, no es un actor profesional, aunque efectivamente es una persona hipersensible con mucha imaginación y que tiene la capacidad de abstraerse a todo e involucrarse en la situación, de pronto se agotaba, es un señor de más de 80 años, entonces pasamos a hacer improvisaciones de secuencias que no estaban en el guión pero que podían haber sucedido lo cual les permitía comprender de qué manera se relacionaban. De pronto en ausencia de ella como se relacionaba el viejo con el resto de la familia, en fin, una serie de improvisaciones y por último hicimos mucho trabajo en la locación, muchos ensayos en la locación, que fueron sumamente productivos porque todo el equipo participaba, por un lado, los actores se apropiaron del espacio, en otra medida, modificábamos el guión y los diálogos a este espacio, porque eventualmente requerían ser ajustados y también el espacio en si mismo se iba modificando a partir de las necesidades de los actores, o sea, también estaba la gente de arte y la fotógrafa, María Secco, que hace una fotografía estupenda, checando ángulos y viendo, entonces fue un trabajo muy completo que nos permitió hacerlo muy depurado, donde el trazo estaba muy marcado, muy establecido y creo que eso es algo que se percibe en la película.



S. P. G. Por supuesto. Supongo que está filmada en la capital de Uruguay.

R. P. En efecto, está filmada en Montevideo, que tiene un millón y medio de habitantes.

S. P. G. Nada que ver con la ciudad de México, pero también supongo que hay una parte afectiva, ¿la patria llama?

R. P. Sin lugar a dudas. Yo llegué a México a los 9 años, me crie aquí, hice toda la escuela. En el Centro de Capacitación Cinematográfica me especialicé en cine, toda mi vida adulta es en México y soy mexicano, pero había hecho una experiencia previa, saliendo del CCC hice un cortometraje que se llama El ojo en la nuca que me llevé a Gael García Bernal y a Evangelina Sosa de actores y fuimos a filmar a Uruguay, obviamente a pesar de que soy mexicano también tengo algo de uruguayo y he vivido en Uruguay a través de mis padres y tenía la inquietud de conservar esta doble nacionalidad y siempre la he tenido. No quería perder un país sino tener dos, entonces lo conseguí con el cortometraje la mitad del equipo era mexicano, la mitad era uruguayo y fue una experiencia muy grata. Y con mi compañera (Laura Santullo) que también tiene la vida dividida entre México y Uruguay, tenemos hijos mexicanos pero somos de allá, entonces dijimos que mejor oportunidad, mas bien, que mejor excusa para retornar al Uruguay y conocerlo en mi caso, porque yo me había ido a los nueve años, que con un proyecto, o sea, elaborar una película, escribir un guión, filmarlo y vivir la experiencia uruguaya, cosa que hicimos con La demora y que, la verdad, fue bastante grata y que llegó a su fin, concluimos esa experiencia y ahora obviamente tenemos pretensiones de regresar a México.



S. P. G. Tus películas igual podrían suceder en cualquier parte, como La zona…

R. P. …si me gusta intentar contextualizarlas y ubicarlas en un lugar específico, pero creo que tocamos temas que incumben a gente y por eso pueden ser de cualquier lugar, por eso también la recepción que hemos tenido a nivel de  festivales, gente de todos lados del mundo que de alguna manera les gusta, nos otorgan un reconocimiento, o la invitan simplemente a festivales. Quiere decir que, a pesar de ser sumamente localista la narración, toca temas universales que a todo el mundo lo afectan.

S. P. G. ¿Podemos hablar de la trayectoria de Rodrigo Pla, antes y después de La demora en Berlín? 

R. P. Bueno, a ver, es estupendo lo que pasa en Berlín… somos gente rigurosa a la hora de hacer el trabajo, que pensamos mucho nuestros proyectos, pero también hemos corrido con mucha suerte, esa es la verdad, tanto con el premio de Venecia, luego Cannes y después Berlín, pues nada, entonces también hay una dosis de suerte en todo esto, nos ha ido bien, pero creo que hacemos bien nuestro trabajo, lo tomamos con seriedad y somos muy honestos con respecto a las películas que hacemos porque reflejan nuestras inquietudes. 


Berlín es un gran inicio para la película, hay una gran alegría para nosotros, dirigir una película implica una cantidad de energía enorme porque son proyectos de largo alcance donde se involucra muchísima gente y esto ayuda a recargar las pilas de alguna manera, es decir, me da energía para seguirlo haciendo y volver e emprender, como afrontar el siguiente emprendimiento con energía.
S. P. G.  Luego de una gira festivalera donde ha cosechado grandes triunfos, incluido Guadalajara, ¿cómo te sientes que tu película llegue a las pantallas?

R. P. Para empezar, para mi es divino estar nuevamente en México, está toda mi familia, me encanta compartirla con mis amigos porque hay un algo, cuando uno hace una película la hace para la gente que también uno quiere y mucha de esa gente está aquí. 

La primera exhibición pública en México fue en el Festival de Guadalajara del 2012 y el marco de este festival, la verdad es que en mi vida personal, la ha marcado, cuando yo hice mi trabajo de tesis, que se llama Novia mía, que es una adaptación de un escritor uruguayo al campo mexicano, con Ernesto Gómez Cruz, Roberto Sosa, en fin, un corto que tenía como una estructura de largometraje, había secuencias paralelas, en fin, un corto largo de 20 minutos donde ya probaba cosas más difíciles, egrese con ese trabajo y los funcionarios del CCC lo consideraron como un trabajo fallido, tan es así que hubo un festival de cine en aquel entonces organizado por el CCC y no me invitaron porque era un trabajo fallido, entonces eso, obviamente me golpeó, no me sentí bien y sin embargo, la aceptan poquito después en el Festival de Guadalajara y, para sorpresa mía, ganamos el premio al mejor cortometraje del festival, era la primera vez que se premiaban los cortos, entonces dije, “ah, a alguien le gusta, no está tan mal” y eso me ayudo a relativizar y decir bueno, no les gustó a los directivos de la escuela, aunque, después del premio ya me abrazaban y todo, ya todo había mejorado, pero…


S. P. G.  …entonces decidiste seguir haciendo productos fallidos…
R. P. …exacto, nuevos productos fallidos

S. P. G. La demora es una película muy angustiante pero muy reconfortante, es una pequeña tragedia de dos seres humanos, sin artificios, sin oropel ni efectos especiales, pero tampoco es lacrimógena…

R. P. …nada, nada, yo creo que es una película sobria que encontró el equilibrio, insisto, tenemos un guión muy emotivo y existía el riesgo de que hiciéramos un melodrama, pero a partir de que pusimos la cámara un poquito más lejos, creo que encontramos buen equilibrio, porque pasamos la emoción por el sonido pero sin tener la música que te llevara y te dijera que te emociones, encontramos el equilibrio y creo que consigue ser emotiva.
S. P. G. Exacto, porque no es tremendista, pero tampoco sensiblera ni lacrimógena.

S. P. G. Carlos Vallarino, protagonista de La demora, usted no es actor profesional, ¿Cómo llega al cine como actor?.
C. V. No, yo en mi vida activa fui arquitecto y soy jubilado como arquitecto, además de haber trabajado en la administración pública, caí en esto, yo diría que por casualidad, mi hija es licenciada en Ciencias de la Comunicación y está en el ambiente, cuando estaban haciendo un casting para una película y se necesitaba una persona de edad, pero que estuviera en buenas condiciones físicas aunque el personaje iba a ser todo lo contrario. Le preguntaron a ella si conocía a alguien con esas características y ella dijo: “mi padre lo puede hacer”, eso sin haberme pedido permiso a mí y entonces, a continuación de eso me dijo: “¿no te animás a hacer un casting para una película?” En mi vida hubiera pensado pero animarme, me animo y luego así fue que tres años antes, me encontré frente a una camarita con Rodrigo y Laura, me pusieron a hacer una pequeña escena hogareña y de ahí simplemente me dijeron: “Ha, estuvo muy bueno”, tuve mucho agrado en conocerlos, hubo mucha empatía con ellos dos y paso un año y casi medio, hasta que un día iba en mi coche para la rambla de Montevideo, me suena el teléfono y era Rodrigo que me llamaba para decirme que quería tener una entrevista y de ahí surgió que habían decidido que querían que el personaje lo hiciera yo. Y bueno, ahí empezaron los ensayos y de ahí surgió todo lo que se puede ver en La demora.

S. P. G. Aunque demorado, que debut más afortunado.

C. V. Fue demorado, si, pero yo creo que va a tener La demora en tener los premios  porque fue una película que se filmó en el año 2010 y ya hace dos años y medio que estaba en post producción, pero hay un dicho que dice que “piano, piano se va lantano”.

S. P. G. Su actuación supera lo meramente convincente, que no es poco decir, usted es un actor nato, evidentemente.'

C. V. Bueno, yo creo que ahí hay que darle todas las palmas en esto a Rodrigo porque en todo esto, sobre todo de actuación en cine, en donde las escenas son todas cortadas uno puede repetir y encontrarse en la situación  justa de angustia o alegría tristeza o felicidad y en eso va mucho el director y en eso Rodrigo tiene un poder de sugestión que evidentemente a mi me conmovía y que por mi condición de anciano, que lo tengo que reconocer me hacía sentir seguro.

S. P. G. ¿Cómo se sintió prestándole energía, vida, sangre y cuerpo?

C. V. Bueno, yo creo que lo difícil es hacerse más joven de lo que uno está, pero no me resultó difícil envejecerme en cuanto a los sonidos, a los movimientos, a las actitudes a todo eso, que siempre digo, Rodrigo es el artífice de todo lo que había que hacer, pero tuve la oportunidad de ir a varios lugares en donde había personas con pérdida de la memoria en estados diferentes de alzheimer y pude comprobar la forma en que esa gente se conducía, que recordaban las cosas más lejanas y había perdido de repente la memoria de donde había dejado las llaves que precisaban para ir a su casa y se perdían en la calle, todo eso se refleja en la película.



S. P. G. La anécdota, pese a estar ubicada en Montevideo, conecta con cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

C. V. Yo creo que es universal, sí, yo creo que la elección que hizo Rodrigo del lugar en donde filmó las escenas exteriores daba muy bien la tónica porque fue hecha en el mes de septiembre cuando todavía teníamos un invierno bastante largo, fueron noches de rodaje con fríos espantosos, si se padeció, además, todo el panorama de ambiente con una visión otoñal no solo de los personajes sino además del medio.

S. P. G. Para usted que era absolutamente ajeno y carente de técnicas de actuación ¿Qué tan complicado fue cargar sobre sus hombros el peso de la trama?

C. V. El tema que trataba justamente la película hacia, por ejemplo en una escena con Rosana Blanco, la maravillosa actriz ya super consagrada, que acaba de ingresar a la Comedia Nacional que es nuestra compañía teatral mas importante en Montevideo, que es la que actúa como mi hija, no me era difícil lograr compenetrarme con ella porque ella me inducía a caer en sentir que ella era realmente mi hija. Yo tengo hijos un poco mayores y un poco menores que ella, pero me sentía padre de ella, o sea que no me resulto tan ajeno a la realidad.

S. P. G. Sus hijos reales ¿Cómo se han sentido cuando lo ven en pantalla?

C. V. La hija que me indujo me dice “mira en lo que te metí”, pero sienten satisfacción de ver al padre que yo, quiera que no, soy el padre anciano, mi hija tiene 29 años, muy joven, pero igual, eso me ayudo a la relación, porque a pesar de ser generaciones tan distintas, a los viejos nos cuesta mucho entender a los jóvenes.



S. P. G. ¿Ha acompañado a Rodrigo y a La demora a festivales?

C. V. A Berlín no fui, fue el solo con Laura y con el productor Sandino Saravia. Guadalajara fue el primer festival al que asistí, mi primera vez. No es la primera vez que vengo a México, hace cuarenta años, estuvimos reunidos los compañeros y yo en los años 72 hice un viaje durante todo el año con un grupo de estudios de arquitectura y el primer escalón que hicimos fue México D. F., estuvimos dos semanas, estuvimos en Puebla, pero a Guadalajara no había ido. Así que conozco la hospitalidad de ustedes los mexicanos 

S. P. G. Don Carlos, es usted un ejemplo, y seguro en ese entonces usted ni remotamente pensaba que iba a estar en una pantalla de cine.
C. V. No pensaba ni que iba a vivir tanto.

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La demora (Uruguay, México, Francia 2012). 84 minutos. 
Dirección: Rodrigo Plá.
Guión: Laura Santullo.
Reparto: Roxana Blanco, Carlos Vallarino, Oscar Pernas, Cecilia Baranda, Thiagi Segovia y Facundo Segovia.
Producción: Christian Valdeliévre, Sandino Saravia Vinay y Rodrigo Plá.
Fotografía en color: María Secco.
Edición: Miguel Schverdfinger.
Música: Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman. 


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