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domingo, 18 de mayo de 2014

Yo me quedo - Malena Díaz y Gabriel Pineda



Es la historia de las familias que
se quedan en espera de los seres
queridos que migran a los Estados
Unidos y que está representada a
través de la escultura textil de
Malena Díaz, las fotografías de
Gabriel Pineda y las letras de
Efrén Minero.

Por Marlene López González


Educación, cultura y patrimonio de México Legendario es una asociación civil, sin fines de lucro, que se interesa por preservar y difundir la cultura, educación y patrimonio de los distintos pueblos y ciudades de la República Mexicana, con base en la esencia, la calidad, el trabajo y talento mexicano. 

En esta ocasión, México Legendario en conjunto con la Universidad Pedagógica Nacional apoyan el talento de la escultura Malena Díaz y el fotógrafo Gabriel Pineda, quienes exponen 13 fotografías y 10 esculturas textiles, con el tema de la migración de las familias tlaxcaltecas. 



MateriaTítulo: Interior
Material. Gasa teñida de café,
corazón de vidrio soplado,
ramas de durazno y textura
de nopal seca
Tamaño: 60 cm.
Año: 2012
Autor: Malena Díaz


Dicha exposición se llevará a cabo del 19 al 23 de mayo del 2014, en la Universidad Pedagógica Nacional unidad Ajusco, en la Ciudad de México. La inauguración será el lunes 19 de mayo, a las 16:00 horas, donde se presentarán la Comparza de Chinelos de Tepepan y Jóvenes orquestas.

YO ME QUEDO expone la cultura Tlaxcalteca en la historia de las familias que se quedan en espera de los seres queridos que migran a los Estados Unidos y que está representada a través de la escultura textil de Malena Díaz, las fotografías de Gabriel Pineda y las letras de Efrén Minero. 






A continuación reseña de la exposición por  Efrén Minero. 
Quedarse implica que otros se van. El que se queda se inmoviliza, contempla
el mismo paisaje, los mismos rostros; las puertas que abre conducen a los
mismos lugares, las ventanas muestran las mismas imágenes gastadas, roídas,
diluidas, grises.

Quedarse es detener el tiempo. El tiempo. Quedarse esperando. Esperar.
Penélopes inevitables, deudos de Pedro Páramo. Esperar con toda la fe, con
toda el alma, con el corazón y las oraciones. La mirada se va siempre hacía allá,
hacia el otro lado, lejos, a miles de kilómetros, entre freeways y skyscrapers,
beautiful gardens y hateful-eyes.

Tan cerca, tan cerquita, tan condenadamente cerca y tan condenadamente lejos.
La distancia aquí se mide por recuerdos, por suspiros, por sueños de cristal, por
noches en vela, por lágrimas guardadas.

Madre, esposa, hijos… Mom, homemaker, children, what does it means? Todos
esperamos por alguien, qué importa si nadie sabe por qué y a quién esperamos,
qué importa si quieren rasgarnos la esperanza diciendo que no volverán. Todos
esperamos de este lado, donde está nuestra tierra, nuestras raíces… y la daga en
que se ha convertido la paciencia.

La casa ya no es una casa, es una cadena cuyos eslabones son las habitaciones
ahítas de melancolía. El sol que nace y quiebra la noche hace pensar en la
soledad del desayuno, que presagia la mañana igual que todas y vacía del que
se fue; el sol que se duerme en la tarde nos conduce a la cama fría, al insomnio
and then oversleep. Ver a los ausentes a través de una muñeca, es posible;
pensar a los ausentes mientras nos observa la ciclópea cámara, es posible.
Viéndolos y pensándolos nos vemos y existimos y mantenemos la esperanza, a
pesar de sus espinas, de su llanto, de su soledad, de su fría nostalgia; a pesar de
esta vida que no nos espera, que es implacable, que camina sin volver atrás ¡no! que corre
aullando, que se va… Que me hace pensar en que quiero verte, siquiera una
vez, un ratito, no para recordar que existes, sino para no olvidar que yo existo.

Aquí, te aguardo, en la soledad compartida que duele más, en la distancia
intangible… En la vida, mientras dure.


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